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Mostrando entradas de 2017

Celda

La habitación era blanca y aséptica. Era como si los colores fueran tan malos o peores que los virus y las bacterias. Lo único que permitia a cualquiera darle volumen a los objetos eran las sombras producidas por la lámpara. Una sola lámpara en el centro del techo, encendida a todas horas. Eso era lo más insoportable. Le daban agua y unas gachas blancas en un plato blanco sobre una bandeja blanca. El plato fijado a la bandeja, la bandeja a la compuerta por la que aparecía en la mesa. Ni siquiera cubiertos. Todo ideado para evitar que mancillase el blanco puro de la habitación. Y si por un casual lo conseguía, en cuanto el cansancio lo vencía, la habitación era limpiada. No recordaba como había llegado allí. Solo recordaba el templo, la trampilla y bajar por ella. A partir de ahí se vuelve nebuloso hasta que recuperó la conciencia en aquella celda. Y de ello hace... era imposible contar los días. Las comidas las dejaban de manera irregular, la luz continua, el blanco impecable. Había ...

Combate I

Era un paraje desértico. Las luchas, las guerras, los duelos, el poder desatado había convertido lo que fuera antaño un bosque frondoso en tierra calcinada en la que surgía del suelo negras estacas, los restos de los árboles. Ahora estaba en curso una nueva competición. Los jóvenes de nuevo luchando por la influencia de sus casas para que estas ganaran poder en el consejo.  Desde niños adiestrados para el combate, maestros en repartir muerte y en convertirse mensajeros del último enemigo. No es que fueran una raza en ser propensa a morir del aburrimiento de la vejez. A veces ni siquiera llegaban a ella. De eso se encargaban ellos mismos. Poderosos, orgullosos... podridos. Asesinatos, intrigas y todo por conseguir ser el cabeza de familia y por lo tanto el asiento en el consejo. Y luego estaba el combate. Cada una de las siete casas elegía un emisario para una lucha a muerte. El último en pie, o en dar el último suspiro, hacía que su casa ganara la presidencia del consejo.  ...

Cara o cruz

El aleteo de una mariposa era lo que daba nombre a la causalidad. Que si una mariposa bate sus alas en algún lugar del mundo, se convertirá en el otro extremo en un huracán capaz de arrasar ciudades. Pero ese es solo el ejemplo más común que siempre usan. Si se hubieran parado a pensar, quizás el mero hecho de que caer una moneda desatase un efecto en un espacio más concentrado. Digamos que tiras una moneda para decidir quien pagará el café. Esa moneda se levantará y girará en el aire antes de que golpee el suelo porque se te ha escapado. Rebotará y rodará hacia la carretera para meterse bajo la rueda de un monopatín, haciendo perder el equilibrio al chaval que iba encima, que caerá sobre el camarero y le tirará la bandeja llena de vasos. Uno de esos vasos caerá a la calle y se hará añicos, algunos de los cuales se clavarán en la rueda del coche que estaba pasando en ese momento. La rueda esta diseñada para no explotar por algo tan nimio pero se empezará a desinflar. Tres días desp...

Wonderwall

Lluvia, en una ciudad de rascacielos bajo un cielo gris. En uno de ellos, tras una ventana, una taza humeante con un café recién hecho. A su lado ella, con el pelo recogido en un moño atrapado por un lápiz azul. Viste cómoda, con su pijama, mientras dibuja en un papel apoyado en la carpeta sobre sus piernas cruzadas. En su rostro una expresión concentrada, con el ceño fruncido y la lengua asomando por la comisura del labio. Lo hace sin darse cuenta. Cerca de ella pasa su gato, que prefiere mirarla en silencio. Había nacido negro, pero con los años aparecieron en su cabeza y en su lomo un par de parches blancos que lo descubrían en las noches que rondaba sin dormir por el piso. Sabe, por alguna razón desconocida, que ella no le va a hacer caso y da media vuelta para dirigirse al sillón donde está sentado él. Está enfrascado en escribir en su portátil. Lo tiene sobre sus rodillas y va vestido con su pijama. Ambos pensaron que hoy era día de no salir de casa. Ni siquera se ha peinado ...

Alea jacta est

Se encontraba allí sentado, mirando una y otra vez sin terminar de ver la hoja que tenía delante. En ella estaba escrita una proclama que podía terminar con toda su carrera, con lo que tanto tiempo le había costado conseguir en aquella sociedad. Pero no podía seguir así. La sociedad para la que trabajaba se había olvidado de su objetivo y se centraba solamente en aumentar los beneficios de los mismos, sin mirar hacia los huesos que crujían bajo sus pies. La competencia decía preocuparse por la gente de a pie, mientras vivían una vida de lujos y desenfreno que solo ellos podrían permitirse. Y él, allí, sentado en una oscura habitación que usaba como despacho, observando un papel que podría dar pie a una revolución que tambalearía a ambos colosos. Sobrevivirian, siempre lo hacían, era difícil tumbarlos por completo, pero podrían perder su influencia en algunos lugares. Solo era necesario enviarlo a las personas adecuadas y esperar convencerlas para recibir su apoyo. Quizás no fuera un ...

Tú más y tú menos

El ser humano, principalmente en su parte de constructo social, no deja de sorprenderme en su hipocresía. Y aunque es un cuento viejo, el afán de buscar trabajadores hiperformados se ha convertido en una necesidad en muchos casos. Puestos de trabajos que antes un chaval podía optar hacer a medio tiempo para sacarse algo de dinero extra para costearse lo que fuera, ahora tienen requerimientos básicos como altos niveles de inglés, formación académica o más años de experiencia de los que puede contar como vida "adulta" cualquier persona. Es una enfermedad que va in crescendo con el tiempo. Cada vez se necesita más formación, más requisitos para cualquier trabajo solo por el hecho de destacar una primera impresión por encima de los demás candidatos. Ya es indiferente tu capacidad de trabajo, como hayas realizado tus años de experiencia o si tienes verdadera motivación por el trabajo. En esta degeneración de la búsqueda de hiperespecialización no sería de extrañar que llegue un ...

Templo

Las ruinas eran un claro reflejo del paso del tiempo. El sol que empezaba a descender iluminaba las calles de piedra y los edificios derruidos que rodeaban el templo, lo único que parecía mantenerse íntegro a pesar de la vegetación que lo cubría. Aves coloridas y pequeños reptiles eran los habitantes de lo que parecía una pequeña pero bulliciosa ciudad. El valle en que se encontraban las ruinas era de paredes escarpadas, casi tapizado por la jungla que crecía por encima. Ello había logrado que sobreviviera intacto a la mano del hombre a pesar de los reconocimientos aéreos desde el momento en que un desprendimiento cerró la entrada hace no se sabe cuanto. Seguramente por eso la ciudad fue abandonada, pues no se veían ni intuían restos humanos entre las ruinas. Los terremotos en los últimos años habían causado que se desprendiera una parte de la pared del valle y había permitido que se vislumbraran las ruinas.  Y ahora estaba allí. Con un equipo de exploración arqueológica di...

Fortaleza

No dejaba de soñar, una y otra vez, con el desierto. Un enorme desierto de arena y sol, infinito en todas direcciones excepto en una donde lejano se alzaba una gran roca, que la distancia hacía parecer que cabría en su mano. No caminaba, no se movía, era el desierto el que se movía a su alrededor, acercándole la roca y convirtiéndola en una enorme mole del tamaño de una casa. A un lado de donde se detenía, una columna de roca ancha como un coche. Un dedo de piedra apuntando al cielo en medio del cual, cubierto de polvo y arena había un lector de huellas antiguo, como si tuviera siglos aunque solo se usaran desde hace una veintena de años. Acercaba la mano, lo limpiaba y se apoyaba en él. Un zumbido, un chirrido y la columna de roca se abría dejando paso a un habitáculo redondo, casi la mitad del grosor de la piedra y con aspecto abandonado, como el que tienen los edificios en las películas apocalípticas. De nuevo se desplazaba el mundo a su alrededor, haciendo que el cuarto lo envo...

Metro

La estación de metro se encontraba vacía, en silencio. El letrero decía que quedaban 15 minutos para el próximo tren. Se sentó contra la pared dispuesto a esperar y de paso comer algo. Era tarde, de los últimos viajes antes de que las estaciones empezaran a cerrar. Sacó de la mochila una lata de refresco y una bola de servilletas, que al abrirla desvelaba en su interior un enorme puñado de frutos secos y galletitas saladas. Iba comiendo distraido, dando tragos a la lata cada poco, siempre después de echar a la boca 5 o 6 elementos del puñado. Miró de reojo la señal luminosa y vio que aún quedaban 12 minutos. Se iba a hacer larga la espera. Dirigió su mirada a la señal del otro andén y leyó 7 minutos. Calma completa durante un buen rato. Pensó en ponerse los cascos y escuchar algo de música cuando vio llegar al andén de enfrente un grupo de chavales, chicos y chicas que iban riendo de alguna broma estúpida. Disimuló su interés y se puso los cascos, aunque no encendió música alguna, ...

Charla con mi demonio II

Estoy tirado en la cama, con los ojos cerrados, aunque el cuarto se empieza a iluminar con los primeros brillos del alba. Como siempre, en mi soledad, se que está ahí y aunque lo buscara no lo encontraría. Da igual, pero se que responderá o soltará sus comentarios, así que decido empezar yo. - Siempre estas cerca cuando menos te espero, ¿qué eres exactamente? Hay un silencio, pero se intuye que hay una respuesta gestándose dentro. - Soy parte de ti, como tantos otros son parte de cada persona. Soy la sombra que siempre te persigue y nunca olvida. - ¿Qué no olvida? ¿Qué recuerdas que se supone que yo no? - Recuerdo todo lo que has vivido, todo lo que has pensado, deseado, querido o anhelado. Yo encarno todo lo que no has logrado, todo lo que te has rendido, aquello que rozaste sin obtener por miedo, por falta de esfuerzo, por pereza... Da igual el motivo en realidad, yo soy el recuerdo de lo que olvidaste conseguir. - ¿De todo? ¿Incluso de los imposibles? - La imposibilida...

Charla con mi demonio I

Llego cansado, cojo un vaso y tras llenarlo de agua y una aspirina efervescente me siento en un sillón dejando el vaso en la mesita a su lado. Estoy solo, a oscuras. No quiero luz, ni compañía en este momento, aunque tampoco la podría tener aunque la buscara. No de la que cualquiera entendería. Me recuesto y cierro los ojos un momento, dejando que el silencio se acune en el sonido de la efervescencia. - Sabes, el dolor no es tan malo, te recuerda que estas vivo y que sientes. Ahí esta de nuevo. Se que aunque abra los ojos y lo busque no lo voy a encontrar, pero si hablo a la sala las sombras me responderán. - No es precisamente algo cómodo de soportar, día sí y día también. -una respuesta genérica pero acertada. - Pero quizás es ese el estado natural de las personas. Mantenerse a sí mismos en un estado de sufrimiento perpetuo por el mero placer de sentirse el eje y centro del universo al pensar que este les jode por algo.  - ¿Y no hay razón en pensarlo? Nos dicen que el k...

Grita

Grita. Hazlo fuerte, largo, intenso, hasta que duela y te quedes sin aire y sin sentido. Grita al mundo, a la vida a tu alma, al dolor, a la propia existencia. Gritales haz que se alejen, haz que mueran mientras vacías tu alma en un grito tan profundo y doloroso que cuando las lágrimas se sequen y solo quede vacío ante ti, puedas levantarte y mirar sin dolor al mañana. Porque el alma duele, cuando nos creamos ilusiones que se rompen, ideas que son destruidas por otros, cuando pensamos que sentimos y ese sentir se enquista y se retuerce. Porque el cuerpo sufre cuando nos golpean o cuando desde dentro se nos rompe algo y sentimos como los fragmentos se clavan alrededor de donde estaban. Cuando el dolor te ahogue, grita alto y claro. Dejalo huir y correr por el cielo, deja que se disuelva y escape. Grita donde quieras, cuando lo necesites, hasta que las estrellas te miren y te inunden con la luz de su leve resplandor. Y es que el grito no es solo la ayuda que te pueden dar, es la llam...

Mundos entre sílabas

A veces vale la pena detenerse por un momento y pensar acerca de las historias, de lo que leemos o deberíamos leer. No todos disfrutamos de abrir las paginas de un libro y disfrutar de su historia, disfrutar sumergiendonos en un mundo dibujado con letras pero que vemos como si estuviéramos allí, acompañando a Frodo en su odisea a través de la Tierra Media como el décimo acompañante, un espectador de las intrigas de Poniente, el ayudante del profesor Langdon en su búsqueda de sociedades secretas o el viajero que camina junto a Geralt de Rivia. Somos todos ellos y más, estamos en todas esas historias en las que nos sumergimos, somos compañeros de todos esos personajes con los que nos identificamos o a los que seguiríamos ciegamente. Pero el trabajo más importante de un escritor, de un narrador, no es la historia que cuenta, sino el como nos la cuenta. De poco sirve el argumento más interesante jamás pensado si no hay manera de que las palabras nos dibujen el mundo en el que se desarrol...

Paralelas

Daba pasos largos, esquivando las matas recién plantadas y guiándose por los rectos surcos de la tierra mientras regaba. Era un día caluroso, soleado y tranquilo, sin más preocupación que la de sacar adelante la cosecha empezando porque arraigase en el fértil suelo. Iba haciendo linea a línea, andando con calma y dejando que cayera suficiente agua en cada mata antes de pasar a la siguiente hasta que tenía que ir a volver a cargar la regadera. Una y otra vez. Había algo de satisfactorio en el mismo trabajo repetitivo, sin necesidad de pensar, más por impulso que por planteamiento. Quizás por eso estaba tan absorto en su cabeza que no vio el humo en el horizonte y no escuchó a los asaltantes cuando lo alacanzaron en el campo y lo mataban sin siquiera tomarse un momento de apresarlo. Abrió los ojos y amaneció de nuevo. Daba pasos firmes, resonando sus botas contra el suelo de piedra y orientandose por el pasillo que tan bien conocía para ir a su puesto de guardia. Llevaba años en ese ...

Sequía

A veces me siento a escuchar la lluvia, a dejar vagar el tiempo y la mente, que floten acunados por el murmullo monótono del agua caer y golpear hojas, suelo y tejados. A veces en ese estado me gusta pensar quien más se sentará a ver la lluvia pasar y dejo que mi mente vague buscando. Y mientras busca lo veo todo mojado, como la lluvia de alguna manera limpia el pecado. El pecado de no ser uno mismo, el pecado de dejarse llevar como ganado. Porque todos son culpables de ello, todos preferimos la vía fácil de seguir la corriente en lugar de destacar y ser maltratados por parecer un brochazo de color en un lienzo abandonado. Mi mente vaga bajo las grises nubes, buscando mirando más allá de donde me veo sentado sin pensar en otra cosa más que la gente hacinada en las urbes. Gente que convive con la falsedad, con la apariencia y con no poder ser jamás lo que le dicta su conciencia. Hacia allí vaga mi mente, cruzando las calles, dejando atrás los puentes. Paseo por las familiares call...

Ángel exterminador

Era un día apacible, tranquilo hasta la monotonía, mientras él estaba tirado en el sofá. La ventana medio abierta dejaba entrar un poco del fresco aire de mitad del otoño y en la televisión sonaban los mismos anuncios de siempre con las empresas y productos del momento. Sobre la mesa, un cenicero lleno y un par de cajetillas aplastadas al lado de un mechero al que a penas quedaba gas. Dió la última calada al cigarro que tenía entre los dedos y apagó la colilla entre las demás, haciendo que desbordara algo de ceniza por el borde del cenicero. Se echó hacia atrás y empezó a soltar lentamente el humo que aún retenia en los pulmones. Su mente le decía que hiciera cosas, que ordenase el piso, que limpiara la mesa y se moviera. Pero todo le pesaba y a penas conseguía reunir ganas suficientes para coger el último paquete de cigarros que descansaba al lado del televisor. Quería fumar más, hasta agotar todo. Si pudiera bebería hasta la inconsciencia, pero para ello debería salir fuera para co...

Inmortales - Primavera

Reía, tontamente, tirada en la hierba. Había corrido todo el prado hasta detenerse allí, donde se había tumbado y miraba con curiosidad como de entre la hierba se alzaba un brote, con calma, con lentitud, desperezándose lento. El verde del tallo resplandecía mientras se iba alzando milímetro a milímetro, haciendo aparecer alguna pequeña hoja a un lado del mismo color verde brillante. Fijó toda su atención en la pequeña planta que crecía, en como iba hinchandose la punta poco a poco, con la promesa de la explosión que encerraba. El brote se detuvo un momento, un instante que parecía durar una eternidad, atento a la mirada que la dama le prestaba allí tumbada. Era su gran momento, como el solista que se coloca por primera vez bajo la luz del foco y toma aire para desgranar el inicio de su canción. Eso mismo hizo el brote, dispuesto a convertirse en flor, tomo aire, nutrientes y tiempo y se hinchó listo para darlo todo en un solo acto. Entonces, en ese instante entre segundos, la cubi...

Esmeraldas II

Mañana tras mañana iba buscando de nuevo aquella calle, esa donde los colores regían la vida en lugar de los grises. Donde las charlas eran risas y donde esperaba volver a sentir esos ojos verdes. Podría haber abandonado y seguir la rutina pero algo había empezado a echar raíces dentro de su pecho. Al principio era poca cosa. La corbata menos apretada, el último botón de la camisa desabrochado o un día sin afeitar. Parecían gestos nimios, tontos, pero eran elecciones que estaba haciendo. Libertad que deseaba brotar y crecer. La bruma de las mañanas ya no estaba allí para él. Las alarmas ya no sonaban, porque él no estaba en la cama cuando necesitaban sonar. Una nueva energía le hacía dormir menos, le hacía buscar algo que hacer. Contaba minutos, 5 para la ducha caliente, 10 para afeitarse en el espejo empañado, 20 para desayunar. Movía la cucharilla en el café 15 veces antes de disolver el azúcar. Daba 5.489 pasos para llegar al trabajo. Datos que no servían de nada, pero de los qu...

Esmeraldas I

En aquel cuarto oscuro no quedaban a penas cosas. Por mobiliario la cama, un colchón sobre una tabla que ni siquiera se levantaba del suelo, y un taburete sobre el que había un reloj con la hora en brillantes números que parpadeaba como un faro. Sobre la cama, él, tirado y observando el techo, pensando como demonios había terminado llegando a eso. Vagaba su mente hacia atrás como si la película empezara cerca del final y tuviera que forzar ese recuerdo de días atrás para comprender por qué el protagonista se encontraba tirado, despierto en su cama en un piso extraño e iluminado únicamente por la hora que parpadeaba en el despertador. Solo que cuando empieza todo no estaba despierto, dormía tranquilo, como una mañana más en la que la alarma del reloj analógico sonaría un minuto antes de que el móvil, justo al lado, empezara la lenta letanía que supondría su alarma. Eso lo forzaría a salir del sueño, fuera cual fuera, y se levantase entre gruñidos y sin a penas abrir los ojos. La rutin...

Ucronía - Edner II

Tras una noche tensa, el cansancio era el estadio general del grupo. Racionaron como pudieron las sobras que quedaban de las provisiones y empezaron la marcha para llegar al asentamiento. El camino desde allí era arduo, pero para cuando el sol alcanzó su cenit, ya habían llegado a las puertas del muro que los protegían. Salieron a recibirlos varios miembros del grupo de guardia, que condujeron a los esclavos liberados hacia unos barracones auxiliares donde podrían descansar de verdad antes de decidir si se arriesgaban al viaje para volver a casa o establecer una nueva vida. Por su parte, Edner fue hacia el edificio que acogía la oficina de gobierno del pueblo mientras los demás cazadores se dispersaban, unos para mandar las malas noticias de las muertes, otros para librarse de las pesadillas y el hambre en la cantina. Acabar con los esclavistas era un encargo que había resultado tener más dificultad de la que en un primer momento suponían. No los habían pillado por sorpresa, aunque n...

El trébol deshojado

El puño golpeó contra el rostro haciendo que le dolieran los nudillos y temiera haberse fracturado alguna falange. Estaba harta de las insinuaciones, de los desmanes, de los rumores infundados, de las miradas de desdén y los cuchicheos que se silenciaban cuando la veían llegar. Cansada de la gente y de que su vida tuviera que girar en torno a la preocupación sobre lo que dicen o dejan de decir. En torno a la imagen que suponían todos que ella debía dar. Estaba cansada de ello y por eso el primer idiota que le había soltado un comentario fuera de lugar tras un mal día estaba delante de ella, sentado en el suelo. con el labio roto y escupiendo sangre con una mirada sorprendida. Y es que hoy había sido un día nefasto en muchos aspectos. Había perdido el trabajo porque encontró a uno de sus superiores borracho y liándose con otro hombre, a pesar de que en la oficina no dejaba de jactarse de a cuantas chicas ponía a sus pies cada fin de semana. Por el aspecto de aquel lío que vió, era él ...

Ucronía - Imail I

El sol caía a plomo mientras recorría el camino en el asiento del carro. Eran cada vez mayores las ganas de que su hijo, que se había casado justo cuando había comenzado esta ruta, heredara la caravana y el negocio de mercader que había heredado de su padre. Era la cuarta generación de mercaderes que se encargaba del negocio y de la ruta entre Jerusalén y Medina. Su hijo sería la quinta y si seguían prosperando no se quedaría ahí. Las ensoñaciones empezaron a llevárselo, mecido en el calor y el rítmico traqueteo de la carreta. Sí, sin duda sería digno de ver el emporio mercader del padre de su abuelo perviviendo por años. Lo cierto es que podía relajarse y dejarse llevar por las ensoñaciones, pues aunque era el dueño de la caravana, en cada carreta viajaban un conductor, dos mozos de carga y dos soldados. Todos ellos apiñados en el asiento del conductor y entre las mercancías que movían entre las dos principales ciudades en que se movía. Había nacido en Medina, donde llevaba su famil...

Una última llama

Fue preparando la mesa, colocando los cubiertos para todos los que vendrían a cenar esa noche. Repasó mentalmente los asistentes. Sus padres, sus hermanas con sus maridos e hijos, él, su mujer y sus hijos. Catorce en total. Y todos cabrían en la mesa. Se alegraba de haber confiado en su esposa a la hora de elegir los muebles, pues había sido capaz de elegir las mejores opciones para que la vida familiar fuera cómoda y prácticamente perfecta. Se dirigió a la cocina para revisar la parte de la cena que le tocaba hacer a él. Dejó a un lado de la encimera la bandeja con los cubiertos y le sonrió a la mujer que le había dado una oportunidad y con la que formó una familia. La televisión encendida de fondo le indicaba que los niños estaban viendo alguna serie, posiblemente de animación, de esas que les entretienen en las tardes, a la espera de la llegada de sus abuelos, tíos y primos. Con una sonrisa se acercó a su esposa y abrazándola por detrás le posó delicadamente un par de besos en su ...

Estreno y rosas teñidas

Cuando a veces necesitas ir más allá, presionarte a ti y a los demás por algo que necesitas, es cuando puedes llegar a dejar de ser quien eras. Ese era el pensamiento que rondaba por su mente mientras corria en pos de ella. Le habia gritado, habia pagado la frustracion con ella y al final ella no habia podido aguantar más. El estreno de su obra de teatro no era lo mismo sin el apoyo que ella le brindaba. Desde que había empezado a escribirla, desde la primera palabra, ella había confiado y le había apoyado sin reservas. Pero en lugar de agradecerselo como debía, lo único que recibió a cambio fueron los pagos por las frustraciones, cuando ningún productor apostó por la obra, cuando los actores no hacían lo que esperaba que fuera la representación que deseaba. Gritos, peleas y enfados, todos enfocados en su desahogo con ella, hacia ella. Y aún así aguantó en silencio con una sonrisa cada vez más forzada. Pero al final, la noche antes del estreno, con los nervios a flor de piel, había...

Ucronía - Alem I

Era una mañana nublada, presagiante de lluvia. La tormenta por venir se olía en el aire y se sentía en los huesos antes siquiera de que las nubess terminaran de cernerse oscuras sobre los ejércitos. La tensión era palpable ante lo que estaba por ocurrir. Los líderes aguardaban en las tiendas en los puntos más altos del valle. Aquella guerra era tradición, era un ritual que se contemplaba generación tras generación para evitar demasiadas muertes innecesarias. Y había unas reglas. Cada ejército debía tener una centena de soldados divididos en grupos de diez, la lucha era como una partida de ajedrez, por turnos cada oponente dirigía a sus tropas y enfrentaba a los grupos. El bando que perdía 3 grupos era declarado perdedor y se sometía al vencedor hasta la siguiente contienda. Todo organizado de manera limpia y ordenada. 30 muertes a cambio de que los enfrentamientos no alcanzaran a los civiles, solo a soldados que se entrenaban dia y noche para esos combates. Alem se encontraba en la...

Camino a cualquier lugar

El sol brillaba en lo alto, a lo lejos las montañas. Por delante el camino sin saber a donde ir. Le habían forzado a abandonar todo refugio, primero en el pueblo, luego en el bosque. Con un suspiro tomó su hatillo y siguió caminando. Había tenido sueños de grandeza, llegar a ser alguien y vivir sin más preocupación que la ropa a usar ese día. Pero se había encontrado con un mundo cruel, despiadado y que no permitía que los recién llegados pudieran elegir su lugar. Un mundo lleno de personas que solo miraban por hacer fracasar a los demás en lugar de conseguir mejorar ellos mismos, donde la máxima era la envidia y no la eficiencia. En el que si querías hacerte un hueco era necesario a base de dentelladas y codazos. Suspiró y siguió su camino, un pie tras otro. Ya no había vuelta de hoja, pues el mundo le había quitado todo. Solo le quedaba la vida que estaba viviendo para manterse. No sabía que le deparaba el futuro, ni donde acabaría, pero como le decían siempre, vivir es levantars...

Inmortales - Cielo

Para muchos, el cielo es la azul o negra extensión infinita que cubre sus cabezas y por la que cabalga el sol durante el día y pasea la luna por la noche. Algunas leyendas cuentan que el cielo es una mujer, la cuidadora de los amantes trágicos y aquella que anhela con los siglos pasearse entre las vidas de los humanos a los que cubre. Pero al igual que Sol y Luna no eran lo que los mitos cuentan de ellos, Cielo era tan solo un anciano que vivía en una pequeña isla en la casa construido en lo alto de la única colina. La casa era una construcción sencilla de una planta, con habitaciones en torno a la habitación principal. En esa habitación era donde prefería recibir a las visitas, como las que subían por la colina desde el pequeño muelle donde amarraba el barco que había construido hacia siglos. Se sirvió en un vaso un poco de té y esperó paciente hasta que Océano llegó a la puerta principal, empujando a los hermanos delante suya. Los sentó a los extremos opuestos de la mesa en que se ...

Ucronía - Edner I

Usó la mano a modo de visera para determinar la hora al mirar el sol. Ya había pasado la mitad del día y quedaba mucho camino. Se habían retrasado demasiado en encontrar aquel campamento y ahora lo iban a pagar teniendo que pasar la noche al raso. Aunque pudieran avanzar algo más mientras durase la luz, sería insuficiente para llegar al pueblo. Con un gesto impelió al resto de la comitiva que apretaran la marcha, mientras mandaba por delante a un par para encontrar un lugar para el refugio y comenzaran a prepararlo antes de que anocheciera. Recorrió la columna con la mirada. Habían salido una docena de cazadores, volvían poco más de la mitad, pero a cambio había en el grupo una treintena de esclavos liberados del campamento. Muchas bocas y poco alimento. Por eso quería llegar cuanto antes al asentamiento. Cuando todos hubieron sobrepasado su posición y tras comprobar que nadie los seguía, aferró con fuerza el fusil y cerró la marcha. En el momento en que llegó al refugio se acercó ...

Niños con armadura

Ayer hablaba como desde el tiempo de mi infancia a esta parte lo que en su día se consideraban insultos, hoy la gente lo acepta como parte de ser una comunidad protegida y con orgullo. No es motivo de discusión por mi parte que debamos aceptar a quienes tienen una manera diferente de ver el mundo, su propia manera de enfrentar las durezas del mundo y sobreponerse. Lo que si creo que es motivo de discusión para mi es lo que en el afán de proteger el futuro se genere una sobreprotección en torno a las generaciones que pasan a día de hoy la infancia.  Cuando escribí Tecnoinfancia hace unos días, hablaba como a esa generación y posteriores se le va dando acceso a la tecnología cada vez antes. Sin embargo, aunque los "liberamos" tecnológicamente, socialmente los coartamos, les impedimos un desarrollo emocional y comunicativo. Es más evidente esto cuando hablamos como los niños de ahora son incapaces de manejar las chanzas e insultos que se hacen contra ellos. Y es que si ahora...

De insulto a orgullo

Recuerdo un tiempo donde lo normal para un chico era que le gustara el fútbol, las motos, los pavoneos varios. Un tiempo en el que si eras un poco más femenino de la cuenta aparecían lo que por aquella época (y aún a veces hoy) eran insultos graves para un hombre, pero a día de hoy dejan de tener esa connotación para ser palabras que solo refieren una identidad, aunque sea de manera despectiva. La sociedad ha avanzado desde aquella época en que a una persona de orientación sexual diferente a la heterosexual era demonizada hasta ahora en la que son mayormente aceptados. Sin embargo no son los únicos insultos que en aquella época eran graves ofensas y a día de hoy es un orgullo que te lo digan. Aunque bien es cierto que esa modernización a algunos les sienta mejor que a otros. Un ejemplo es el friki. El despectivo se origina de la palabra freak   que se usaba para denominar a los raros, a quienes no atendían a las normas y conductas habituales. Y lo eran porque hablaban de juegos, ...