Tras una noche tensa, el cansancio era el estadio general del grupo. Racionaron como pudieron las sobras que quedaban de las provisiones y empezaron la marcha para llegar al asentamiento. El camino desde allí era arduo, pero para cuando el sol alcanzó su cenit, ya habían llegado a las puertas del muro que los protegían. Salieron a recibirlos varios miembros del grupo de guardia, que condujeron a los esclavos liberados hacia unos barracones auxiliares donde podrían descansar de verdad antes de decidir si se arriesgaban al viaje para volver a casa o establecer una nueva vida.
Por su parte, Edner fue hacia el edificio que acogía la oficina de gobierno del pueblo mientras los demás cazadores se dispersaban, unos para mandar las malas noticias de las muertes, otros para librarse de las pesadillas y el hambre en la cantina. Acabar con los esclavistas era un encargo que había resultado tener más dificultad de la que en un primer momento suponían. No los habían pillado por sorpresa, aunque no los esperaban. Había algo mal en ello.
El secretario estaba enfrascado en los libros de cuentas cuando se plantó ante él. Una mirada rápida a quien estaba de pie y una señal hacia la puerta era suficiente para decirle que estaban esperándole. Mejor no demorar la reunión inevitable. Entró tras dar unos golpes en la puerta, un gesto de paz ante la irrupción que siguió sin esperar una respuesta o un permiso para entrar. Tras la mesa de oficina en un sillón mullido y desgastado estaba el alcalde, un hombre que empezaba a estar marcado por las arrugas y las canas. Sin embargo la mirada que le dirigía era la de una persona despierta y enérgica. También un poco hastiada ante la irrupción. Pero por debajo de eso, Edner supo ver una sensación más que cualquier otro hubiera pasado por alto, alivio.
-Vuelves tarde, te esperábamos con ellos hace cuatro días. -aunque parecía una reprimenda, no había culpa en la voz del alcalde, más bien una formalidad cansada- ¿Qué ha pasado para que te retrasaras tanto?
-Sabían que alguien iba a por ellos y movieron el campamento. Se adentraron más en las montañas y nos costó un par de días encontrarlos. -se sentó en una de las sillas frente al escritorio- Esos malparidos dejaron cebos para las manadas errantes cerca de donde nos dijeron y nos costó varios buenos cazadores.
-Entonces entrena más. Eres el mejor desenvolviéndote por las montañas y los demás han aprendido de ti casi todo lo que aprendiste de Loel.
-No. -dijo con voz tajante- Te lo dije, tras este encargo yo me vuelvo a Europa. Te acompañe porque no tenía otra opción, pero ya son demasiados años aquí hermano y quiero volver y hacer algo más que solo vigilar las bestias del Atlas. Algunos de los otros cazadores saben tanto o más que yo, que se encarguen ellos de dirigir las partidas.
-Pero tu eres el mejor. Les has enseñado cosas que han hecho que la mayoría supere la esperanza de vida media de un cazador en esta parte del mundo. Le diste la oportunidad de poder formar familias a una ocupación que tenía una esperanza de vida menos que cualquier otra.
-Les di a ellos lo que Loel me dio, porque fui el único que en su día lo escuchó. Si ellos no hubieran sido tan obstinados con su origen y lo hubieran escuchado, hubieran sabido lo mismo mucho antes. De hecho a mi me escucharon únicamente porque tú me pusiste a la cabeza de los cazadores.
-Y mira el buen resultado de todo esto. -se levantó de la silla y rodeo la mesa hasta ponerse frente a su hermano- Mira Edner, es cierto que hice cosas que no debí, te beneficié por encima de otros, pero sabía que era un pequeño mal necesario. Ahora los cazadores de esta provincia son personas que incluso pueden conocer nietos en lugar de contentarse con no poder ni tener una compañera para evitar dejar hijos huérfanos.
-No me vas a convencer Joser, he tomado mi decisión. -se levantó y apretó el hombro de su hermano con cariño- Mi vida ya no esta aquí, se que debo volver a Europa, lo siento en mis entrañas. Esta noche prepararé el informe del encargo y mañana prepararé todo para irme. Espero poder despedirme de ti antes de que nos separemos.
No dejó responder a su hermano. Dio media vuelta con una sonrisa triste y salió del despacho. Tenía horas de sol para terminar el papeleo antes de poder dormir de verdad.
Por su parte, Edner fue hacia el edificio que acogía la oficina de gobierno del pueblo mientras los demás cazadores se dispersaban, unos para mandar las malas noticias de las muertes, otros para librarse de las pesadillas y el hambre en la cantina. Acabar con los esclavistas era un encargo que había resultado tener más dificultad de la que en un primer momento suponían. No los habían pillado por sorpresa, aunque no los esperaban. Había algo mal en ello.
El secretario estaba enfrascado en los libros de cuentas cuando se plantó ante él. Una mirada rápida a quien estaba de pie y una señal hacia la puerta era suficiente para decirle que estaban esperándole. Mejor no demorar la reunión inevitable. Entró tras dar unos golpes en la puerta, un gesto de paz ante la irrupción que siguió sin esperar una respuesta o un permiso para entrar. Tras la mesa de oficina en un sillón mullido y desgastado estaba el alcalde, un hombre que empezaba a estar marcado por las arrugas y las canas. Sin embargo la mirada que le dirigía era la de una persona despierta y enérgica. También un poco hastiada ante la irrupción. Pero por debajo de eso, Edner supo ver una sensación más que cualquier otro hubiera pasado por alto, alivio.
-Vuelves tarde, te esperábamos con ellos hace cuatro días. -aunque parecía una reprimenda, no había culpa en la voz del alcalde, más bien una formalidad cansada- ¿Qué ha pasado para que te retrasaras tanto?
-Sabían que alguien iba a por ellos y movieron el campamento. Se adentraron más en las montañas y nos costó un par de días encontrarlos. -se sentó en una de las sillas frente al escritorio- Esos malparidos dejaron cebos para las manadas errantes cerca de donde nos dijeron y nos costó varios buenos cazadores.
-Entonces entrena más. Eres el mejor desenvolviéndote por las montañas y los demás han aprendido de ti casi todo lo que aprendiste de Loel.
-No. -dijo con voz tajante- Te lo dije, tras este encargo yo me vuelvo a Europa. Te acompañe porque no tenía otra opción, pero ya son demasiados años aquí hermano y quiero volver y hacer algo más que solo vigilar las bestias del Atlas. Algunos de los otros cazadores saben tanto o más que yo, que se encarguen ellos de dirigir las partidas.
-Pero tu eres el mejor. Les has enseñado cosas que han hecho que la mayoría supere la esperanza de vida media de un cazador en esta parte del mundo. Le diste la oportunidad de poder formar familias a una ocupación que tenía una esperanza de vida menos que cualquier otra.
-Les di a ellos lo que Loel me dio, porque fui el único que en su día lo escuchó. Si ellos no hubieran sido tan obstinados con su origen y lo hubieran escuchado, hubieran sabido lo mismo mucho antes. De hecho a mi me escucharon únicamente porque tú me pusiste a la cabeza de los cazadores.
-Y mira el buen resultado de todo esto. -se levantó de la silla y rodeo la mesa hasta ponerse frente a su hermano- Mira Edner, es cierto que hice cosas que no debí, te beneficié por encima de otros, pero sabía que era un pequeño mal necesario. Ahora los cazadores de esta provincia son personas que incluso pueden conocer nietos en lugar de contentarse con no poder ni tener una compañera para evitar dejar hijos huérfanos.
-No me vas a convencer Joser, he tomado mi decisión. -se levantó y apretó el hombro de su hermano con cariño- Mi vida ya no esta aquí, se que debo volver a Europa, lo siento en mis entrañas. Esta noche prepararé el informe del encargo y mañana prepararé todo para irme. Espero poder despedirme de ti antes de que nos separemos.
No dejó responder a su hermano. Dio media vuelta con una sonrisa triste y salió del despacho. Tenía horas de sol para terminar el papeleo antes de poder dormir de verdad.
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