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Inmortales - Cielo

Para muchos, el cielo es la azul o negra extensión infinita que cubre sus cabezas y por la que cabalga el sol durante el día y pasea la luna por la noche. Algunas leyendas cuentan que el cielo es una mujer, la cuidadora de los amantes trágicos y aquella que anhela con los siglos pasearse entre las vidas de los humanos a los que cubre. Pero al igual que Sol y Luna no eran lo que los mitos cuentan de ellos, Cielo era tan solo un anciano que vivía en una pequeña isla en la casa construido en lo alto de la única colina.

La casa era una construcción sencilla de una planta, con habitaciones en torno a la habitación principal. En esa habitación era donde prefería recibir a las visitas, como las que subían por la colina desde el pequeño muelle donde amarraba el barco que había construido hacia siglos. Se sirvió en un vaso un poco de té y esperó paciente hasta que Océano llegó a la puerta principal, empujando a los hermanos delante suya. Los sentó a los extremos opuestos de la mesa en que se encontraba esperando y una vez sentado el marino les sirvió a todos una taza de té.

"Por el tiempo que has tardado en traerlos parece que no fue difícil para ti encontrarlos."

"No hubiera sido difícil encontrarlos para nadie que siguiera el rastro de destrucción que iban dejando a su paso."

El anciano enarcó las cejas y miró con atención por primera vez a los hermanos. Vió la mirada furiosa de Sol, la evasión temerosa de Luna y entonces recordó el incidente del templo y como Luna acusó de manera vehemente a su hermana. Después del castigo a su hermana los dos se habían ido al continente Gureno. Las noticias recientes de destrucción en ese continente le habían hecho preocuparse por los hermanos y había mandado por ellos para protegerlos, No se había imaginado que eran ellos la causa de todo el desastre.

Se fijó con más atención en Luna. Ya no había en él nada de la vehemencia y de la energía que tenía la última vez que lo vió. Ahora se encontraba hecho un ovillo en su sitio, evadiendo toda mirada, especialmente la de su hermana. Sol por otro lado forcejeaba con cierto disimulo con las ataduras mientras se mantenía mirando fijamente y con ferocidad a su hermano.

"Entonces. ¿alguno me cuenta que ha pasado con vosotros dos?"

"¡Es culpa de ese despojo! Te mintió y después de que me castigaras huyó por si descubrías que lo del templo había sido culpa suya y que te había mentido. No ha hecho más que huir desde aquel día."

"Luna, ¿me mentiste?" -la voz de Cielo era firme y dura, tanto que ni siquiera necesitó alzarla para arrancar un estremecimiento de Luna y que Sol se quedara quieta- "Más te vale que me digas la verdad."

Acobardado como estaba, solo pudo asentir con la cabeza, sin dirigir la mirada siquiera hacia el anciano.

"Ya veo. Vas a tener que responder por unas cuantas cosas." -se giró hacia la hermana- "Y aunque tu fuiste castigada injustamente, la destrucción que he escuchado sembraste en Gureno merece también acciones acorde."

Los hermanos se quedaron quietos, temblando en sus asientos y con la mirada baja. Océano por su parte soltó un suspiro, se despidió de Cielo y salió de la casa, dejando a los tres solos para que resolvieran sus propios problemas.

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