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Brisa de mar

Era una mañana soleada y el rumor de las olas entraba por la ventana abierta. El aroma salado impregnaba la brisa y perezoso, se giró en la cama para dar la espalda a la ventana. No pensaba en nada, ninguna preocupación, ninguna responsabilidad, el sueño lo había mecido toda una noche entre sus brazos sin dejarle desvelarse. Sin duda había llegado cansado anoche de.... ¿de donde llegó?

Abrió los ojos de golpe, la modorra se esfumó llevada por la brisa y la despreocupación desveló que ocultaba una alarma en el fondo de su cabeza. Intentó pensar de donde vino la noche anterior, pero no era solo eso lo que le faltaba. No había noche anterior, ni había un día en el que recordase estar. Ni siquiera recordaba donde era el lugar. "Genial, ni tiempo ni espacio, una buena manera de despertar" era el primer pensamiento que le ocupaba tras reflexionar.

Fue hacia el baño y se miró en el espejo. Pero ese que lo miraba si lo reconocía, era él. Ya era algo a lo que aferrarse. Podía empezar por ahí. Abrió el grifo y se lavó la cara. "Quizás el agua me refresque la memoria" fue la primera idea que se le ocurrió para empezar a recordar. Se secó con la toalla. Suave y con un ligero olor a jazmín. Jazmín, no le gustaba esa flor, le recordaba a.... alguien. Casi había acariciado un recuerdo. "¿Por qué la toalla olería a jazmín si no me gusta?" otro pensamiento que sabía le aportaba una pista más sobre él. Dejó la toalla en el lavabo y salió del baño, no sin antes mirar de reojo su reflejo para asegurarse que seguía siendo él.

Salió de la habitación. Estaba en un salón espacioso que estaba combinado con la cocina y una mesa de comedor. La decoración era clásica para una casa de playa. Madera y blancos. Le era familiar, pero lo sentía todo como si le provocase una comezón que no podía rascarse. Era todo familiar para él, pero en un mal sentido. Se aproximó a la nevera, pero al abrirla la encontró vacía, apagada. Daba la impresión de que no iba a menudo allí. Aunque seguía sin saber donde era allí.

Rebuscó entre los armarios y encontró un bote con café. Lo abrió y al olerlo concluyó que no estaba echado a perder. Buscó hasta encontrar una cafetera pero lo único que pudo encontrar para usar fue una cazuela pequeña que llenó de agua y puso al fuego de la pequeña hornilla de gas. Al pensar en el café sin cafetera, una idea le pasó por la cabeza y buscó por los cajones hasta que encontró los filtros. Iba a poder tomar un café y poder reflexionar con calma. "¿Reflexionar sobre qué?" fue la idea que se le formó en la cabeza. Y no supo cual era la respuesta por más que intentó buscarla.

El agua rompió a hervir y sus pensamientos se fueron con el vapor. Con cuidado se preparó el café con ayuda del filtro y cuando estuvo listo tomó la taza y salió a la playa para sentarse en la arena. El rumor de las olas y la brisa salobre lo envolvían, lo acurrucaban y solo un pensamiento ocupaba su despreocupada mente. "Hace un buen día para pasear por la playa y olvidarse de todo".

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