Hace unos años tuve una reflexión sobre la infancia y lo diferente que es desde mi generación hastala de ese momento. Aquella pequeña reflexión la escribí hace unos 5 años y si me paro a pensar en ella, no me cabe duda de que sigue siendo igual de válida o sino más.
En el día a día se sigue "luchando" por darle a los infantes que van a las escuelas e institutos una "infancia". La manera que tienen los padres sigue consistiendo en ceder ante las peticiones de sus hijos en muchos casos por "darles lo que no tuvieron" o "darles lo necesario para que sean como sus amigos". Ha llegado hasta tal punto la situación que hace 5 años no me habría esperado que pudiera pasar en la realidad algo similar a lo ocurrido en un capítulo de la descarada serie South Park. Aunque la noticia tiene ya un poco de tiempo, no deja de venirme a la cabeza hasta que punto hemos sobreactuado por los comportamientos de protección como para llegar al punto de que se abra un juicio a una madre ante la denuncia de su hijo por "malos tratos" cuando la madre unicamente le había regañado y quitado el móvil para que estudiase.
En la reflexión de hace 5 años escribía sobre la falsa socialización de los infantes por la tecnología y las redes sociales. Aunque parece que se ha podido atenuar un poco, sigue estando en un punto crítico la falta de interacción social que provocan los ordenadores y móviles. Y es porque cada vez son más jóvenes para cuando se les da un móvil propio, porque el contacto con los smartphones comienza bastante antes, a veces incluso cuando a penas comprenden una dicción mínima les ponen delante una tablet con un juego simple lleno de colores para que se mantengan entretenidos. De esa manera se cría a una generación que persigue la conexión constante antes que el desarrollo social directo.
Y esto repercute en muchos otros aspectos. En la educación los profesores a duras penas pueden contener a los niños de que saquen sus móviles en el instituto, algunas veces incluso en la propia clase. Ya no existen las notitas que disimuladamente se pasaban durante la clase. Ahora son directamente los mensajes de whatsapp lo que en silencio suenan en las clases evitando así la atención en la clase. Pero claro, para los padres luego si sus hijos sufren por no saber sumar o no sufrir el esfuerzo del aprendizaje, la culpa es de los profesores que mandan un exceso de deberes. Se alza entonces una generación no solo permanentemente conectada, sino tambien incapaz de asumir sobreesfuerzos para intentar destacar o ser minimamente productivos.
Niños que ya no pueden ser niños sino extensiones de sus dispositivos, adolescentes indolentes que desean la vida facil ejemplificada en el triunfo de los mediocres y el culto a la incultura. No se enseña a leer, a mirar a las personas a los ojos al hablar, a aprender de los errores, propios y de los padres, a levantarse si te caes, a plantarse y avanzar por duro que sea el camino. Esas cosas no interesan, porque los verdaderos educadores de los niños y jóvenes solo desean que compren sus productos, que se conecten y deseen ser mejores que los demás por tener lo más nuevo del mercado aún cuando no es la verdadera necesidad.
En el día a día se sigue "luchando" por darle a los infantes que van a las escuelas e institutos una "infancia". La manera que tienen los padres sigue consistiendo en ceder ante las peticiones de sus hijos en muchos casos por "darles lo que no tuvieron" o "darles lo necesario para que sean como sus amigos". Ha llegado hasta tal punto la situación que hace 5 años no me habría esperado que pudiera pasar en la realidad algo similar a lo ocurrido en un capítulo de la descarada serie South Park. Aunque la noticia tiene ya un poco de tiempo, no deja de venirme a la cabeza hasta que punto hemos sobreactuado por los comportamientos de protección como para llegar al punto de que se abra un juicio a una madre ante la denuncia de su hijo por "malos tratos" cuando la madre unicamente le había regañado y quitado el móvil para que estudiase.
En la reflexión de hace 5 años escribía sobre la falsa socialización de los infantes por la tecnología y las redes sociales. Aunque parece que se ha podido atenuar un poco, sigue estando en un punto crítico la falta de interacción social que provocan los ordenadores y móviles. Y es porque cada vez son más jóvenes para cuando se les da un móvil propio, porque el contacto con los smartphones comienza bastante antes, a veces incluso cuando a penas comprenden una dicción mínima les ponen delante una tablet con un juego simple lleno de colores para que se mantengan entretenidos. De esa manera se cría a una generación que persigue la conexión constante antes que el desarrollo social directo.
Y esto repercute en muchos otros aspectos. En la educación los profesores a duras penas pueden contener a los niños de que saquen sus móviles en el instituto, algunas veces incluso en la propia clase. Ya no existen las notitas que disimuladamente se pasaban durante la clase. Ahora son directamente los mensajes de whatsapp lo que en silencio suenan en las clases evitando así la atención en la clase. Pero claro, para los padres luego si sus hijos sufren por no saber sumar o no sufrir el esfuerzo del aprendizaje, la culpa es de los profesores que mandan un exceso de deberes. Se alza entonces una generación no solo permanentemente conectada, sino tambien incapaz de asumir sobreesfuerzos para intentar destacar o ser minimamente productivos.
Niños que ya no pueden ser niños sino extensiones de sus dispositivos, adolescentes indolentes que desean la vida facil ejemplificada en el triunfo de los mediocres y el culto a la incultura. No se enseña a leer, a mirar a las personas a los ojos al hablar, a aprender de los errores, propios y de los padres, a levantarse si te caes, a plantarse y avanzar por duro que sea el camino. Esas cosas no interesan, porque los verdaderos educadores de los niños y jóvenes solo desean que compren sus productos, que se conecten y deseen ser mejores que los demás por tener lo más nuevo del mercado aún cuando no es la verdadera necesidad.
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