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Ucronía - Edner I

Usó la mano a modo de visera para determinar la hora al mirar el sol. Ya había pasado la mitad del día y quedaba mucho camino. Se habían retrasado demasiado en encontrar aquel campamento y ahora lo iban a pagar teniendo que pasar la noche al raso. Aunque pudieran avanzar algo más mientras durase la luz, sería insuficiente para llegar al pueblo.

Con un gesto impelió al resto de la comitiva que apretaran la marcha, mientras mandaba por delante a un par para encontrar un lugar para el refugio y comenzaran a prepararlo antes de que anocheciera. Recorrió la columna con la mirada. Habían salido una docena de cazadores, volvían poco más de la mitad, pero a cambio había en el grupo una treintena de esclavos liberados del campamento. Muchas bocas y poco alimento. Por eso quería llegar cuanto antes al asentamiento.

Cuando todos hubieron sobrepasado su posición y tras comprobar que nadie los seguía, aferró con fuerza el fusil y cerró la marcha. En el momento en que llegó al refugio se acercó a la hoguera y repartió entre los cazadores las guardias. Les hizo comprobar las cargas de los presurizadores del rifle antes de que los que deberían reemplazar a los guardias tomaran algo de cena y descansaran. Desde la guerra contra los reinos tribales de África esa zona del Atlas se había convertido en hogar de algunas criaturas verdaderamente feroces. El Sahara era el vertedero de los híbridos de la guerra y las zonas fronterizas el terreno de caza.

Intentó pegar ojo pero los ruidos y la costumbre de mantenerse alerta fuera del asentamiento eran impulsos más fuertes que el sueño. Si hubieran persistido los mitos de final de la Edad Mística, seguramente se encomendaría a algún espíritu o deidad de todas las que poblaban las creencias mundiales. Sin embargo la Revolución Mecánica había traído el raciocinio a primer plano, descartando las religiones por el empirismo científico. Algunos cultos menores sobrevivian por la tolerancia, pero para la mayoría de la población, ver es creer.

Un gruñido más alto de la cuenta le hizo ponerse en pie y llevar el rifle hasta el hombro. Desbloqueó la válvula del presurizador y cargó una bala en el rifle. Eran unos modelos relativamente nuevos, pero el sistema de carga lateral por un pequeño cerrojo había hecho que fuera más rápido de cargar que el modelo anterior, que necesitaba una carga a través de la boca del cañón. Un movimiento por el rabillo del ojo le hizo apuntar entre un par de esclavos a una sombra que se ocultó rápidamente entre las rocas.

La tensión del momento lo tenía clavado en el sitio, atento a la mínima presencia de algo hostil que se adentrara en el campamento. Un movimiento brusco a su izquierda le hizo girarse y disparar. Pero lo que cayó al suelo fue el cuerpo de un esclavo que había sido lanzado desde fuera del círculo de luz. No habían tenido suficiente con crear a los híbridos que además les habían dotado de mayor inteligencia. Maldijo con algunas de las peores palabras que conocía y se mantuvo alerta.

Un nuevo movimiento y una figura entrando en la luz de la hoguera le hizo abrir y cerrar el pestillo de carga de las balas antes de disparar contra la bestia. El grito que soltó le puso los pelos de punta, pues parecía una risa nerviosa de una agudeza que crispaba los nervios. Volvió a cargar el rifle con un gesto breve y disparó de nuevo, haciendo que la bestia callera al fin muerta. Los gruñidos alrededor del campamento, en la oscuridad estaban presentes, pero eran más débiles. Uno de los suyos estaba muerto y ponderarían si les era rentable atacar de nuevo o pasar hambre un día más.

Al final el silencio fue apoderándose poco a poco del campamento, pero la tranquilidad no acogió en sus brazos a los que se refugiaban a la luz de la hoguera. Iba a ser complicado dormir esa noche antes de llegar al asentamiento y librarse al fin de la tensión de la montaña. Incluso sería una alegría para él porque por fin podría viajar de vuelta a Europa.

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