Ir al contenido principal

Alea jacta est

Se encontraba allí sentado, mirando una y otra vez sin terminar de ver la hoja que tenía delante. En ella estaba escrita una proclama que podía terminar con toda su carrera, con lo que tanto tiempo le había costado conseguir en aquella sociedad. Pero no podía seguir así. La sociedad para la que trabajaba se había olvidado de su objetivo y se centraba solamente en aumentar los beneficios de los mismos, sin mirar hacia los huesos que crujían bajo sus pies. La competencia decía preocuparse por la gente de a pie, mientras vivían una vida de lujos y desenfreno que solo ellos podrían permitirse.

Y él, allí, sentado en una oscura habitación que usaba como despacho, observando un papel que podría dar pie a una revolución que tambalearía a ambos colosos. Sobrevivirian, siempre lo hacían, era difícil tumbarlos por completo, pero podrían perder su influencia en algunos lugares. Solo era necesario enviarlo a las personas adecuadas y esperar convencerlas para recibir su apoyo. Quizás no fuera un peso pesado de la jerarquía, pero estaba lo suficiente alto como para no pasar desapercibido. Y ahora tenía que decidir si jugarlo todo a una carta. Una misiva que daría inicio a la agitación de la gente corriente y les haría buscar soluciones que los gigantes no daban en lugares más cercanos, más comunes.

Una llamada a la puerta del despacho y su amigo, consejero y sirviente entró sin decir una palabra. Un inquisitivo levantamiento de ceja preguntaba si había una decisión, si decidía ya lo que quería hacer. El movimiento lateral de cabeza era respuesta suficiente, no hacían falta más palabras. Dejó sobre el escritorio un plato con la cena y salió tan en silencio como había entrado. En el plato, humeaba un trozo de pollo con algunas verduras. Una cena simple preparada para quien se va a quedar despierto varias horas aún.

Se llevó la mano a la cara, frotándose los ojos cansados, y se recostó en la silla, perdiendo la mirada en el techo. Le asustaban las consecuencias de cualquiera de sus elecciones. No deseaba mantenerse inmóvil, inerte ante lo que estaba pasando. Pero tenía miedo de que al perder su puesto, no pudiera seguir ayudando y haciendo los pequeños gestos de rebeldía que ayudaban de verdad. ¿O quizás sí? Pensó con calma en ello. Su puesto le daba acceso a poco más de lo que tendría cualquier otro, poco que supusiera una diferencia al menos.

Tomó el papel y tras enrollarlo salió del despacho. Allí estaba a la espera, sentado cerca de la puerta con su propia comida en la mesita a su lado. Lo miró y su vista se dirigió al papel en la mano. Lo tomó en cuanto se lo ofreció y salió disparado a preparar copias para distribuirlas. Al amanecer todo el mundo lo encontraría en su buzón y con suerte obtendría apoyos para que no se disolviera en el olvido. Ahora la suerte estaba echada.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Canciones

 La música tronaba en la sala desde los altavoces colocados en las esquinas. En el centro, la pista de baile estaba llena y la gente bailaba animada por las canciones que sonaban, a cada cual más conocida y siendo coreada por todos mientras no dejaban de moverse. En la barra había gente pidiendo sus copas pendientes de volver a la pista con recarga del combustible de una noche de fiesta. Pero él tenía su cerveza en la mano, el brazo acodado en la barra y miraba con tranquilidad observando a la gente. Era algo rutinario, miraba y evaluaba. Primero la cara, luego un vistazo rápido al cuerpo o al menos a lo que podía ver entre el gentío. Si se acercaban a la barra a pedir, era la mejor manera de hacer una evaluación más certera del físico. Y por supuesto, para terminar, a quienes más le llamaban la atención, llevar de manera inconsciente la cuenta de las consumiciones que llevaba tomadas. Si para antes de la tercera se retiraban de la pista, perdía todo interés y buscaba a alguien ent...

Camino a cualquier lugar

El sol brillaba en lo alto, a lo lejos las montañas. Por delante el camino sin saber a donde ir. Le habían forzado a abandonar todo refugio, primero en el pueblo, luego en el bosque. Con un suspiro tomó su hatillo y siguió caminando. Había tenido sueños de grandeza, llegar a ser alguien y vivir sin más preocupación que la ropa a usar ese día. Pero se había encontrado con un mundo cruel, despiadado y que no permitía que los recién llegados pudieran elegir su lugar. Un mundo lleno de personas que solo miraban por hacer fracasar a los demás en lugar de conseguir mejorar ellos mismos, donde la máxima era la envidia y no la eficiencia. En el que si querías hacerte un hueco era necesario a base de dentelladas y codazos. Suspiró y siguió su camino, un pie tras otro. Ya no había vuelta de hoja, pues el mundo le había quitado todo. Solo le quedaba la vida que estaba viviendo para manterse. No sabía que le deparaba el futuro, ni donde acabaría, pero como le decían siempre, vivir es levantars...

Caza II

 La niebla de la mañana se había despejado de la zona y frente a ellos se encontraban en la distancia unos venados. Se detuvieron en el mismo silencio en el que habían caminado hasta allí y tras unos gestos del líder, se fueron dispersando hacia los lados, sin hacer ruido alguno que pudiera alertar a las presas. El joven se quedó junto al líder, puesto que tenía una misión de vital importancia, la de disparar el primer proyectil que marcaría la presa que debían abatir.  Ni siquiera le habían dicho a cual apuntar, era parte de su prueba el elegir con sabiduría e instinto. Además, si fallaba al disparar, no habría presa que cazar en el lugar y deberían esperar a que los exploradores localizasen un punto donde se acercaran de manera frecuente para emboscar nuevas presas. Avanzó junto al líder, lentamente y en silencio, hasta que este le detuvo y con un gesto de la cabeza le indicó que era su turno de actuar, que debía completar su tarea. Respiró hondo hasta calmarse y tomó el arc...