Ir al contenido principal

Cara o cruz

El aleteo de una mariposa era lo que daba nombre a la causalidad. Que si una mariposa bate sus alas en algún lugar del mundo, se convertirá en el otro extremo en un huracán capaz de arrasar ciudades. Pero ese es solo el ejemplo más común que siempre usan. Si se hubieran parado a pensar, quizás el mero hecho de que caer una moneda desatase un efecto en un espacio más concentrado.

Digamos que tiras una moneda para decidir quien pagará el café. Esa moneda se levantará y girará en el aire antes de que golpee el suelo porque se te ha escapado. Rebotará y rodará hacia la carretera para meterse bajo la rueda de un monopatín, haciendo perder el equilibrio al chaval que iba encima, que caerá sobre el camarero y le tirará la bandeja llena de vasos. Uno de esos vasos caerá a la calle y se hará añicos, algunos de los cuales se clavarán en la rueda del coche que estaba pasando en ese momento. La rueda esta diseñada para no explotar por algo tan nimio pero se empezará a desinflar.

Tres días después, el conductor del coche encontrará el problema del pinchazo y llevará el coche al taller, aunque por el camino asustará a un gato que en su pánico agitará al perro que acababan de sacar a pasear. El perro correrá tras el gato arrastrando su correa que se terminará enganchando en una papelera que volcará haciendo que una lata se deslice por la acera lo suficiente para terminar debajo del balón que estaban botando unos chavales que pasaban por allí. El balón saldría disparado hacia la carretera para se lanzado por el coche con la rueda desinflada contra la ventana de una casa, donde golpeará una estantería tirando sus libros sobre una pecera que había en el estante de abajo, que derramará su agua sobre el enchufe de la lampara que en su cortocircuito prenderá fuego al sofá y a toda la casa.

Sería en ese momento cuando los bomberos acudirían allí, a una casa vieja que estaba ardiendo rápido y con fuerza. Unos bomberos que tres días antes decidían a cara o cruz quien tendría que pagar los cafés. Unos hombres que verían a un gato asustado perseguido por un perro lanzarse de cabeza dentro de la casa, probablemente el hogar de su dueño. Y entonces uno de esos bomberos entraría para recoger al gato, que ya se había encargado de escapar por la puerta trasera, pero en su lugar quedaría atrapado cuando el techo empezara a venirse abajo.

Era curioso como un momento de tacañería y tentar a la suerte había conseguido que ahora estuviera ardiendo, aplastado por el tejado en llamas y tan al borde de la muerte que había comprendido lo absurdo de la cadena de acontecimientos iniciada por no haber sido capaz de ofrecerse a pagar los malditos cafés. A veces simplemente es mejor no tentar a la suerte.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Canciones

 La música tronaba en la sala desde los altavoces colocados en las esquinas. En el centro, la pista de baile estaba llena y la gente bailaba animada por las canciones que sonaban, a cada cual más conocida y siendo coreada por todos mientras no dejaban de moverse. En la barra había gente pidiendo sus copas pendientes de volver a la pista con recarga del combustible de una noche de fiesta. Pero él tenía su cerveza en la mano, el brazo acodado en la barra y miraba con tranquilidad observando a la gente. Era algo rutinario, miraba y evaluaba. Primero la cara, luego un vistazo rápido al cuerpo o al menos a lo que podía ver entre el gentío. Si se acercaban a la barra a pedir, era la mejor manera de hacer una evaluación más certera del físico. Y por supuesto, para terminar, a quienes más le llamaban la atención, llevar de manera inconsciente la cuenta de las consumiciones que llevaba tomadas. Si para antes de la tercera se retiraban de la pista, perdía todo interés y buscaba a alguien ent...

Esmeraldas I

En aquel cuarto oscuro no quedaban a penas cosas. Por mobiliario la cama, un colchón sobre una tabla que ni siquiera se levantaba del suelo, y un taburete sobre el que había un reloj con la hora en brillantes números que parpadeaba como un faro. Sobre la cama, él, tirado y observando el techo, pensando como demonios había terminado llegando a eso. Vagaba su mente hacia atrás como si la película empezara cerca del final y tuviera que forzar ese recuerdo de días atrás para comprender por qué el protagonista se encontraba tirado, despierto en su cama en un piso extraño e iluminado únicamente por la hora que parpadeaba en el despertador. Solo que cuando empieza todo no estaba despierto, dormía tranquilo, como una mañana más en la que la alarma del reloj analógico sonaría un minuto antes de que el móvil, justo al lado, empezara la lenta letanía que supondría su alarma. Eso lo forzaría a salir del sueño, fuera cual fuera, y se levantase entre gruñidos y sin a penas abrir los ojos. La rutin...

Encargo

 El cigarrillo se consumía entre sus dedos. Solo le había dado un par de caladas intentando relajarse y ahora, ensimismado en sus preocupaciones, dejaba que lentamente se consumiera sin notar como el calor estaba más cerca de sus dedos. Suspiró sin haber conseguido resolver nada y dejó caer el resto del cigarrillo antes de pisarlo para dejarlo apagado. Se suponía que había dejado el hábito de fumar hace tiempo, pero al final con cada problema que surgía recurría una vez más a sacar uno de la cajetilla que aún seguía llevando encima y encendiéndolo en un intento de encontrar inspiración. Si lo había decidido dejar en su momento fue porque se lo prometió a ella, pero como tantas otras promesas, la cumplía a ratos. Los momentos que las incumplía fingía que no existían luego y así intentaba mantener su conciencia tranquila. Entró al bar y se sentó en la barra donde, tras saludar al camarero que le conocía desde hace tantos años, le pidió una jarra. Sabía a quien esperar. Sabía que iba ...