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Charla con mi demonio II

Estoy tirado en la cama, con los ojos cerrados, aunque el cuarto se empieza a iluminar con los primeros brillos del alba. Como siempre, en mi soledad, se que está ahí y aunque lo buscara no lo encontraría. Da igual, pero se que responderá o soltará sus comentarios, así que decido empezar yo.

- Siempre estas cerca cuando menos te espero, ¿qué eres exactamente?

Hay un silencio, pero se intuye que hay una respuesta gestándose dentro.

- Soy parte de ti, como tantos otros son parte de cada persona. Soy la sombra que siempre te persigue y nunca olvida.

- ¿Qué no olvida? ¿Qué recuerdas que se supone que yo no?

- Recuerdo todo lo que has vivido, todo lo que has pensado, deseado, querido o anhelado. Yo encarno todo lo que no has logrado, todo lo que te has rendido, aquello que rozaste sin obtener por miedo, por falta de esfuerzo, por pereza... Da igual el motivo en realidad, yo soy el recuerdo de lo que olvidaste conseguir.

- ¿De todo? ¿Incluso de los imposibles?

- La imposibilidad es solo una barrera que los humanos colocan delante suya para justificarse cuando nos alimentan con uno de sus deseos no realizados. En realidad cualquier meta puede ser alcanzada si se busca el camino correcto para llegar a ella y te esfuerzas en resolver el eterno laberinto que es la vida.

- Pero no todo puede ser culpa de uno. Por mucho que se itente siempre habrá barreras que nosotros no nos colocamos. Caminos que se cierran detrás nuestra y que solo dan a callejones sin salida. Es entonces cuando la imposibilidad existe.

- No, sigue siendo la misma barrera que los humanos colocan. ¿Que no tienes edad o te sobra para una determinada meta? Eso no es una barrera, es solo una ventana. Quizás no puedas directamente actuar, pero si puedes influir y ayudar. Se trata de tomar tu deseo y cambiarlo en lugar de olvidarlo o de forzar a otros que lo vivan por ti.

- Es una manera demasiado cínica de verlo, más cuando tu no persigues sueños ni metas. Eres un parásito de la mente de la persona que te alimenta con sus frustraciones. Para eliminarte solo sería necesario dejar de arrepentirme de lo que hago y hacer las cosas sin arrepentimientos.

Su risa me interrumpe, áspera, vieja y seca.

- ¿Qué te hace tanta gracia?

- Que esa meta de vivir sin arrepentimientos siempre es la primera que nos alimenta, la más sabrosa de todas, porque siempre, siempre, habrá algo por lo que arrepentirse. Llegar 1 minuto tarde, una palabra a destiempo, una mirada que no debería hacerse... Cientos de minúsculas razones que son migajas para nosotros, pero que hacen que os arrepintáis y creen alimento para nosotros.

- Soy unos demonios, eres un demonio salido de las peores pesadillas.

- Sí, pero yo soy el tuyo.

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