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Mostrando entradas de 2022

Travesía I

 Las olas mecían el barco con fuerza. La tormenta estaba prácticamente encima y el sustancial incremento en la fuerza del oleaje hacía que la tripulación, acostumbrada a lidiar con aguas bravas, empezara a tener dificultades. Para él, un simple pasajero, era poco más que una tortura en la que el suelo estaba en todas direcciones menos bajo sus pies.  Había decidido comprar un pasaje en Lisboa para un barco rumbo a las colonias americanas. El barco en el que iba a ir se dedicaba al transporte de mercancías para comercio, pero contaba con algunos camarotes privados para hacer el viaje con algunas personas que quisieran aventurarse en el nuevo mundo. En su caso la aventura le llevaba allí por motivos de trabajo. Debía buscar a una dama que había decidido escapar embarazada de un hijo ilegítimo y varias reliquias familiares de un noble con bastante influencia en la corte. No era un secreto la aventura de ambos y se había rumoreado mucho sobre una ceremonia para formalizar su unión...

Prisión

 Una de las herramientas más útiles de un prisionero era la paciencia. Porque por muchas ganas que hubiera de fugarse, tenías tiempo de sobra para hacerlo bien. Y si se te agotaba el tiempo es porque ibas a terminar siendo libre. De uno u otro modo.  Por eso, no importó que las primeras semanas las usara para estudiar la celda, para aprender los paseos de los guardias y para empezar a pensar en un plan con el que terminar escapando de las mazmorras del castillo. Lo primero que sabía era que estaba bajo tierra. Varios pisos teniendo en cuenta la cantidad de escaleras que había bajado y que no había ni respiradero en su celda. Pero desconocía si detrás de la pared había tierra o roca.  Cuando ya tenía claro la base del plan de fuga, empezó a trabar amistad con uno de los guardas. El más simple de todos que aunque tenía claro que no debía dejarlo salir de la celda, después de unas semanas, consiguió que accediera a llevarle tablillas y un trozo de carbón para dibujar algo y ...

Plagas II

 Las oficinas eran un lugar que por fuera podían no destacar con su entorno, pero en su interior era un ambiente en el que cualquiera en entrase, tendría una ganas enormes de dar media vuelta antes de que el segundo pie terminase de cruzar la puerta. Y era principalmente a causa de los elfos. No porque impactasen con su seriedad y formalidad mientras los veías trabajar al otro lado del mostrador de recepción. Más bien, lo que hacía huir a la gente eran las miradas asesinas que todos clavaban a quien entrase por la puerta sin ser elfo.   Y eso era lo que recibía él ahora mismo mientras se dirigía hacia la recepcionista. Por suerte, la oleada de mirada solo duraba un momento. No podían permitirse desviar la mirada de su trabajo más tiempo y seguro que la compañía les consideraba esa pausa como si fuera un descanso para fumar. La única que seguía intentando ver la calle a través de su cabeza era la encargada de recibir a los visitantes que habían resistido lo suficiente las ...

Canciones

 La música tronaba en la sala desde los altavoces colocados en las esquinas. En el centro, la pista de baile estaba llena y la gente bailaba animada por las canciones que sonaban, a cada cual más conocida y siendo coreada por todos mientras no dejaban de moverse. En la barra había gente pidiendo sus copas pendientes de volver a la pista con recarga del combustible de una noche de fiesta. Pero él tenía su cerveza en la mano, el brazo acodado en la barra y miraba con tranquilidad observando a la gente. Era algo rutinario, miraba y evaluaba. Primero la cara, luego un vistazo rápido al cuerpo o al menos a lo que podía ver entre el gentío. Si se acercaban a la barra a pedir, era la mejor manera de hacer una evaluación más certera del físico. Y por supuesto, para terminar, a quienes más le llamaban la atención, llevar de manera inconsciente la cuenta de las consumiciones que llevaba tomadas. Si para antes de la tercera se retiraban de la pista, perdía todo interés y buscaba a alguien ent...

Torre

 En lo alto de una torre, en una habitación inundada de luz en una esquina aun mejor iluminada, escribía absorto sentado en una silla, el Narrador. No sabía cuanto tiempo llevaba allí, escribiendo, pero al fin y al cabo era su trabajo y para lo que había nacido. Todas las historias pasaban por sus manos, desde historias fugaces en la mente de solo un niño hasta las historias intemporales que toda la humanidad conocería. Y aunque era para lo que había nacido, a veces se cansaba de estar encorvado sobre el libro de infinitas páginas donde transcribía historia tras historia. No tenía edad y si un espectador entrase a esa habitación lo vería como un adulto, pero otro vistazo le revelaría un anciano y si mirase de nuevo detenidamente vería un joven. O una combinación rara de los tres a la vez. Por suerte no había un espectador que necesitara pensar en como era posible, ya que en la habitación solo estaba él. Y estaba absorto escribiendo los detalles de un temible enemigo que estaba sien...

Caza III

 Sentía que la piel le ardía, que necesitaba arrancársela para no morir. Pero era incapaz de moverse, quería levantar las manos pero su cuerpo no le obedecía. Ni siquiera era capaz de abrir los ojos, para reconocer la fuente de las voces a su alrededor. Al final se perdieron en la niebla de la inconsciencia en la que volvía a caer sin poder evitarlo.  Cuando al final regresó a la conciencia, no sentía tanto calor y las restricciones parecían haber desaparecido. Aunque no era lo único que echaba en falta. A su alrededor había un pesado silencio que contrastaba al sonido habitual al que estaba acostumbrado. El olor que dominaba el ambiente era el de la cueva de la tribu, pero se sentía demasiado grande. Con esfuerzo se incorporó y una punzada de dolor le atravesó la espalda y el brazo. Al llevarse la mano al lugar, se encontró la humedad de la pasta de hierbas que reconoció por el olor como la que usaban para las curas de heridas. Miró la cueva vacía y encontró cerca suya una cá...

Plagas I

 Salía del portal una mañana más, sin estar muy seguro de donde ir. Si la llamada de anoche tenía algo de cierto, debería pasar por los almacenes. Pero también sabía que las oficinas eran una parada obligatoria matutina. Y si quedaba tiempo antes de comer, el bar era la opción segura para encontrar información, aunque era la menos fiable de las tres fuentes. Decidió confiar en la llamada anónima y fue al polígono industrial, donde ya quedaban pocas empresas haciendo sus negocios. Quedaban, eso sí una buena cantidad de naves parcialmente abandonadas, símbolo de la prosperidad que una vez tuvo la ciudad. Las que debía visitar eran unas naves de almacenaje que usaba una compañía de plásticos para guardar buena parte de lo que fabricaba para otras empresas antes de mandarles los envíos completos. En el marco de la puerta unos símbolos disimulados por el óxido de la puerta dejaban claro que en su día había estado protegido contra todo tipo de duendes, ávidos ladrones de todo lo que no e...

Insomnio

 Acababan de dar las tres de la madrugada. O al menos es lo que decían los números luminosos del despertador que tenía en la mesita. En un par de horas empezaría con el estruendo de su alarma diciendo que debía levantarme con tal de prepararme para un nuevo día. Y yo sin haber dormido ni un par de minutos.  Me mantuve mirando al techo, pensando que no debía pensar, a ver si la falta de pensamiento hacía eco en el llamado del sueño y podía dormir antes de tener que meterme en la ducha. Pero el efecto era el contrario, no solo no podía conciliar el más mínimo sueño, sino que el poco que tímidamente se asomaba, huía con una prisa loca sintiendo mi loca necesidad de que se acercaran. Casi me sentía un depredador de sueños perdidos, un cazador sigilosos en búsqueda de tiernos sueños que intentasen acercarse a mi, pero que huían al oler la ansía de descanso que me acompañaba. Quizás debería cazarlos con el viento en contra.... Corté la fantasía fruto de la depravación de sueño y me ...

Encargo

 El cigarrillo se consumía entre sus dedos. Solo le había dado un par de caladas intentando relajarse y ahora, ensimismado en sus preocupaciones, dejaba que lentamente se consumiera sin notar como el calor estaba más cerca de sus dedos. Suspiró sin haber conseguido resolver nada y dejó caer el resto del cigarrillo antes de pisarlo para dejarlo apagado. Se suponía que había dejado el hábito de fumar hace tiempo, pero al final con cada problema que surgía recurría una vez más a sacar uno de la cajetilla que aún seguía llevando encima y encendiéndolo en un intento de encontrar inspiración. Si lo había decidido dejar en su momento fue porque se lo prometió a ella, pero como tantas otras promesas, la cumplía a ratos. Los momentos que las incumplía fingía que no existían luego y así intentaba mantener su conciencia tranquila. Entró al bar y se sentó en la barra donde, tras saludar al camarero que le conocía desde hace tantos años, le pidió una jarra. Sabía a quien esperar. Sabía que iba ...

Esclavo

Lo normal para un callejón era encontrarlo sombrío, sucio y posiblemente con un olor que ha desarrollado personalidad propia. Por eso resultaba tan impactante encontrar que el callejón en el que se había adentrado no solo estaba impoluto e iluminado levemente, sino que las tiendas de artículos de dudosa legalidad que había salpicados por allí tenían un aspecto más pulcro que cualquiera de las tiendas del barrio noble.  Cuando llegó a la capital de la provincia austral no esperaba que su primera incursión en los lugares dedicados a la clandestinidad fueran tan difíciles de distinguir si se comparaban a las tiendas o incluso las calles de cualquier otra zona de la ciudad. Tal era la poca diferencia que incluso la guardia paseaba por allí en su ronda de guardia, convenientemente ciegos a los carteles de algunos puestos que anunciaban productos que el mero hecho de mencionarlos en cualquier lugar del imperio valdría como mínimo una larga estancia en prisión. Sin embargo los guardias so...

Corte

En los jardines solo se escuchaba el quieto murmullo del agua que caía en la fuente. Ni siquiera los pájaros piaban o el viento agitaba las hojas. Era extraño ese silencio que parecía querer acallar infructuosamente a la fuente para asentarse tranquilo sobre los senderos bordeados de bien recortados arbustos. Por un momento dudó si debía dirigirse al punto de encuentro cerca de la entrada del laberinto de setos, donde el marqués lo había citado con un susurro antes de la comida. Era un secreto de común conocimiento en la corte que el marqués buscaba ganar el favor de otros aristócratas de mayor rango para poder medrar a través de las bodas de sus hijas, puesto que no había sido bendecido con varón alguno y esperaba que apareciera alguno entre sus nietos para asegurar que las tierras no pasaban a disposición real y de ahí a manos de cualquier advenedizo que acabase de ascender de entre los mercaderes.  Suspiró al pensar en el clasismo de la genealogía que motivaba al marqués y a bue...

Caza II

 La niebla de la mañana se había despejado de la zona y frente a ellos se encontraban en la distancia unos venados. Se detuvieron en el mismo silencio en el que habían caminado hasta allí y tras unos gestos del líder, se fueron dispersando hacia los lados, sin hacer ruido alguno que pudiera alertar a las presas. El joven se quedó junto al líder, puesto que tenía una misión de vital importancia, la de disparar el primer proyectil que marcaría la presa que debían abatir.  Ni siquiera le habían dicho a cual apuntar, era parte de su prueba el elegir con sabiduría e instinto. Además, si fallaba al disparar, no habría presa que cazar en el lugar y deberían esperar a que los exploradores localizasen un punto donde se acercaran de manera frecuente para emboscar nuevas presas. Avanzó junto al líder, lentamente y en silencio, hasta que este le detuvo y con un gesto de la cabeza le indicó que era su turno de actuar, que debía completar su tarea. Respiró hondo hasta calmarse y tomó el arc...

Cuento

Había una vez, en un pueblo pequeño y lejano, un niño que gustaba de ir al bosque en busca de setas y otras plantas comestibles para ayudar a sus padres. Al principio no sabía bien que plantas llevar, pero poco a poco, con el paso de los días, de las semanas y de los meses, aprendió que plantas eran buenas, que plantas sabían mejor y cuales podían servir para más cosas. Así sus padres estaban muy contentos con él.  Un día, cuando iba a salir, su madre le dijo que tuviera cuidado, porque había un bandido peligroso perdido en el bosque y quizás intentara engañar a la gente para llegar a algún pueblo, así que no debía hablar con extraños y tendría que evitar que lo siguieran. El niño dijo que no se preocupara, que cogería plantas y no se entretendría. Caminó por uno de los caminos que tan bien conocía y se adentró en la espesura, por donde nadie de la aldea solía aventurarse, excepto él en su búsqueda de las plantas, cerca de un claro a unos minutos. Cuando aún no salió de la espesura...

Ganzúa I

 La noche se iba haciendo más oscura a medida que el sol terminaba de ocultarse tras el horizonte. La luna nueva daba más profundidad a las sombras y parecía que ni siquiera el farol sería capaz de traspasarlas. Avanzó por el camino conocido, sin necesidad de verlo, guiándose con una mano apoyada en una cuerda que estaba en el suelo, dándole la dirección correcta en la que debía ir. Consiguió así llegar a la puerta del muro trasero de la finca, que abrió lo más silenciosamente posible y pasó al otro lado.  Frente a él, la silueta negra de la mansión se recortaba contra el cielo estrellado y se fundía con todas las sombras alrededor. Abrió una mínima rendija en uno de los lados del farol, haciendo que un brillo tenue y casi imperceptible diera formas a la espesa oscuridad, lo que hizo que, una vez atravesados los maceteros y setos del jardín, pudiera llegar a una pequeña portezuela que suponía debía ser la que llevaba a las cocinas.  Para su sorpresa, la puerta se encontra...

Caza I

 Se removió inquieto en el sueño. Al final terminó despertándose y mirando a su alrededor. Los demás seguían dormidos. Por la entrada se atisbaban los primeros resplandores del día, pronto amanecería. Amanecer. Toda somnolencia se le disipó al caer en la cuenta de ello. Hoy era el día en que lo llevarían en el grupo de caza por primera vez para enseñarle.  Con cuidado de no despertar al resto, se deslizó entre ir de puntillas y a gatas a la salida y una vez fuera se estiró preparándose para lo que venía. Era joven y eso quería decir que aún estaba por determinar cual sería su puesto dentro del grupo, que tarea adquiriría para su vida adulta. Ya había salido con los exploradores y con los recolectores. Después de hoy con los cazadores, los líderes se reunirían para determinar en cual de los cuatro grupos encajaban mejor sus habilidades y sería bendecido para su cometido.  La rutina habitual a la que estaban acostumbrados hacía el proceso de empezar el día una tarea escalon...

Paquete

Estaba ingrávido, flotando en una cápsula sin que la gravedad atase sus pies al suelo. Cerró los ojos pensando que no quedaba energía, que como esas películas de gente en naves varadas en el espacio, al final todo terminaría en silencio y la verdad es que no le desagradaba la idea. Entonces un pensamiento al recordar una película. Si la nave no tenía energía ¿Cómo podía tener gravedad en la nave el tío de Ironman? No estaba girando, nada funcionaba... ¿cómo? Se esforzó por apartarlo de su cabeza, a ese lo rescataban y era famoso. Él por el contrario era un repartidor cualquiera, del que ni siquiera su nombre sabían quienes les entregaba los paquetes. Reparto rápido a donde estuvieran, era tomar la entrega en la central y salir volando a entregarlo. Y por esta entrega ahora estaba en este lío. Iba de vuelta tras entregar el paquete cuando una explosión lo había dejado flotando, sin poder llegar a tiempo de coger el siguiente encargo. O cualquier otro, la verdad. El tiempo fuera de su ca...

Sombras

 Rodó por el suelo a causa de su tropiezo. Se esforzaba por levantarse y sin saber bien como, consiguió plantar el pie lo suficientemente firme como para arrancar de nuevo la carrera que se había interrumpido por su tropiezo. Debía al menos salir del parque, al menos si quería tener una oportunidad de poder contarlo.  Sabía que la idea de buscar las leyendas ocultas era mala. No le daba miedo lo sobrenatural, pero la noche en el parque, con lo enorme que era, era una pésima idea. Se había imaginado media docena de situaciones de peligro. Desde una pandilla que querría divertirse a costa de ellos, hasta algún yonqui que no se andaría con rodeos con tal de poder conseguir el próximo tiro de droga que le quite el mono. Pero de seguro, lo que no esperaba era que de los seis que eran, fuera el único que pudiera salir corriendo mientras los demás agonizaban.  Su mente estaba dividida mientras intentaba orientarse hacia la salida más cercana del parque. Quería por un lado volver...

Cruz

¿Cómo era eso qué siempre solía decir su padre? ¿La suerte sonríe a los valientes? ¿Era así? Seguía dándole vueltas, intentando recordar, cuando lanzó al aire la moneda. Cara, era el pensamiento que por un momento cruzó por encima de las vías del otro tren de ideas. Cogió la moneda en plena caída y la planto en el dorso de su mano. Cruz. Quizás podría verlo como un augurio, si es que creyera en la suerte. Pero lo único que termina siendo válido en el mundo es aprovechar las oportunidades en el momento justo. No es suerte, a veces solo un momento breve, de unos segundos, en donde tomas la acción y todo sale rodado. Un momento antes o después y todo termina como el trabajo anterior a que le contrataran. A él y a otra veintena más. Se guardó la moneda en el bolsillo y entró con los últimos a la reunión previa al trabajo. Parecía algo sacado de una película de acción. Un grupo por los pasillos de servicio, otro por la puerta principal, y dos esperando en distintos lugares para actuar en fu...