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Cruz

¿Cómo era eso qué siempre solía decir su padre? ¿La suerte sonríe a los valientes? ¿Era así? Seguía dándole vueltas, intentando recordar, cuando lanzó al aire la moneda. Cara, era el pensamiento que por un momento cruzó por encima de las vías del otro tren de ideas. Cogió la moneda en plena caída y la planto en el dorso de su mano. Cruz.

Quizás podría verlo como un augurio, si es que creyera en la suerte. Pero lo único que termina siendo válido en el mundo es aprovechar las oportunidades en el momento justo. No es suerte, a veces solo un momento breve, de unos segundos, en donde tomas la acción y todo sale rodado. Un momento antes o después y todo termina como el trabajo anterior a que le contrataran. A él y a otra veintena más. Se guardó la moneda en el bolsillo y entró con los últimos a la reunión previa al trabajo.

Parecía algo sacado de una película de acción. Un grupo por los pasillos de servicio, otro por la puerta principal, y dos esperando en distintos lugares para actuar en función de como se desarrollasen las cosas dentro. El trabajo era tan solo coger las bolsas que había en una sala sin ventanas en la primera planta. Una sala diseñada a posta para no tener ninguna superficie en contacto con el exterior. Repetían varias veces que sería un trabajo fácil, como un mantra para mentalizarlos a todos. A él quizás debiera haberle dado mala espina.

Una vez divididos, cada grupo en una furgoneta al lugar de inicio, él estaría en uno de los grupos de respuesta. Nota al cabo de un rato como se para el vehículo. Y esperan. Escucha los sonidos de la radio desde el asiento del copiloto. No los entiende, pero de momento suenan tranquilos. A su alrededor los otros no lo parecen. Están nerviosos, tensos por la espera. 

Es entonces cuando empiezan los disparos. Suenan amortiguados, atravesando el ruido las paredes del edificio y de la furgoneta. Esperan ordenes. Los sonidos de la radio suenan agitados. Uno no aguanta más, tira el arma, abre la puerta y sale corriendo despavorido. No tarda en escucharse un disparo y un aviso de que no se huye en mitad de un trabajo.

Nos dicen que toca entrar, cargamos las armas y salimos juntos hacia la puerta del edificio. Algo le dice que sin prisa, que mire bien. Se rezaga ligeramente, lo justo para que la pistola del cabecilla del grupo no le apunte. Están junto a la puerta por la que entraron antes los que iban a los pasillos de servicio. Pero la puerta se abre sola. De hecho todas las puertas y ventanas lo hacen cuando el edificio explota. 

Él toma aliento a duras penas. Le pitan los oídos y le duele todo, seguramente algo habrá roto, teniendo en cuenta que el cuerpo de un compañero salió volando contra él. A lo mejor eso ha sido lo que le ha salvado de lo peor de la explosión. Se arrastra a un lado, quitándose de encima a su compañero. Bastante tiene con intentar recuperar el aliento como para preocuparse de si esta vivo o muerto. Con esfuerzo se endereza un poco. No hay nadie en pie, excepto quizás el edificio. Por suerte, es de muros robustos y parece mantenerse en pie. Por el momento.

No se lo piensa, se aleja medio a rastras, medio gateando. Cuando alcanza la furgoneta la usa de apoyo para levantarse. No mira atrás, no quiere mirar, así que toma una decisión alejarse de allí y hacer como que nunca ha estado cerca. Quizás esto le valga como experiencia para ser doble en películas. ¿Qué pensamiento ridículo es ese? A lo mejor esta peor de lo que le parece. 

Se aleja trastabillando, sin pararse a mirar si alguien más se ha levantado, haciendo oídos sordos a lo que pueda sonar desde donde viene. Ve a alguien tirado en el suelo delante, ahora no parece tan atacado. También parece menos vivo, debe ser eso. Sigue caminando, no lo conocía y ahora no le interesa pararse a conocerlo. 

Un estruendo a sus espaldas y él....

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