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Caza I

 Se removió inquieto en el sueño. Al final terminó despertándose y mirando a su alrededor. Los demás seguían dormidos. Por la entrada se atisbaban los primeros resplandores del día, pronto amanecería. Amanecer. Toda somnolencia se le disipó al caer en la cuenta de ello. Hoy era el día en que lo llevarían en el grupo de caza por primera vez para enseñarle. 

Con cuidado de no despertar al resto, se deslizó entre ir de puntillas y a gatas a la salida y una vez fuera se estiró preparándose para lo que venía. Era joven y eso quería decir que aún estaba por determinar cual sería su puesto dentro del grupo, que tarea adquiriría para su vida adulta. Ya había salido con los exploradores y con los recolectores. Después de hoy con los cazadores, los líderes se reunirían para determinar en cual de los cuatro grupos encajaban mejor sus habilidades y sería bendecido para su cometido. 

La rutina habitual a la que estaban acostumbrados hacía el proceso de empezar el día una tarea escalonada. Los exploradores salían antes de que el sol hubiera empezado a mostrar la luminosidad en el horizonte. Con los primeros rayos, los cazadores salían a pertrecharse para empezar su tarea y cuando el astro se separase del horizonte serían los recolectores los que partirían en busca de provisiones que no corrieran cuando se acercasen. El resto, iría despertando después de eso y encargándose de sus tareas asignadas.

No había terminado de estirarse cuando el grupo de cazadores se empezó a reunir listos para partir. El líder era el último en salir y quien marcaría el ritmo y la marcha. Mientras salía de la cueva le hizo un gesto para indicarle que se acercase a los demás y dio instrucciones rápidas de prepararle mientras él hacia lo propio. Le enseñaron rápidamente a cargar algunas lanzas para que no le molestaran mientras corrían y como mantener la marcha para descansar lo menos posible. Los exploradores habían localizado una manada a bastante distancia y les costaría casi todo el día ir y volver si no apretaban el paso. 

Por suerte para él, muchos de los consejos eran similares a los dados por los exploradores, aunque ellos no le habían explicado nada sobre armas. Los exploradores no las necesitaban, su cometido era únicamente localizar áreas de forraje y manadas que cazar. Incluso encontrar en caso necesario posibles ubicaciones donde trasladarse el grupo si agotaban demasiado una zona. Lo cual no era difícil después de un tiempo, ya que las reglas decían que ninguna caza o exploración debía mantener fuera de la cueva a nadie al ocultarse el sol.

Una vez el líder estaba listo, hizo un gesto y el grupo entero empezó la marcha al trote. Tenían un largo camino por delante.

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