Ir al contenido principal

Insomnio

 Acababan de dar las tres de la madrugada. O al menos es lo que decían los números luminosos del despertador que tenía en la mesita. En un par de horas empezaría con el estruendo de su alarma diciendo que debía levantarme con tal de prepararme para un nuevo día. Y yo sin haber dormido ni un par de minutos. 

Me mantuve mirando al techo, pensando que no debía pensar, a ver si la falta de pensamiento hacía eco en el llamado del sueño y podía dormir antes de tener que meterme en la ducha. Pero el efecto era el contrario, no solo no podía conciliar el más mínimo sueño, sino que el poco que tímidamente se asomaba, huía con una prisa loca sintiendo mi loca necesidad de que se acercaran. Casi me sentía un depredador de sueños perdidos, un cazador sigilosos en búsqueda de tiernos sueños que intentasen acercarse a mi, pero que huían al oler la ansía de descanso que me acompañaba. Quizás debería cazarlos con el viento en contra....

Corté la fantasía fruto de la depravación de sueño y me acomodé sobre el lado del cuerpo, buscando el sueño con un cambio de postura, esperando tener más suerte. Pensando que así quizás pudiera parecer más una presa indefensa, un corderito que inocente no se percata que el sueño acechador se aproxima para darle una dentellada en su desprotegido cuello y hacerlo dormir. De una manera sangrienta y definitiva, pero en un reparador sueño que de momento me eludía sin querer llegar. 

Suspiré al notar que no iba a poder conseguir gran cosa. Mi mente no podía evitar vagar a fantasías predatorias con el sueño, quizás invocándolo pero consiguiendo lo opuesto y haciendo que se escurriera entre mis dedos como quien intenta atrapar el desierto con una red. Miré de reojo al reloj y el tres burlón se reía de mí al lado de un quince que parecía aprender a pasos acelerados a hacerme muecas en su minuto de vida, que hicieran más por humillarme que las que la hora había podido aprender en el cuarto de vida que había consumido.

Tocaba tumbarse bocabajo en la rutina de intentar conciliar el sueño. Era la rutina desde que me acostase a las diez, durante toda la noche ir tomando por turnos las posiciones para intentar conciliar el sueño. Mirando al techo, de lado, hacia abajo, al otro lado... Quizás debía intentar hacerme un nudo o posturas de yoga a ver si funcionaba mejor que la repetición de posturas una tras otra que no servían más que para dar vueltas y vueltas a fantasías e ideas inconexas que al final me privaban del sueño que necesitaba.

Pero al final la repetición siguió su rutina y para cuando la hora se convirtió en un cinco, empezó a sonar la radio del despertador, un programa de noticias que pretendía dar la actualidad con energía para que la gente pudiera empezar el día con energía. Así que me levanté del camastro y puse la mano sobre la caja de pañuelos de la mesa para que la radio se callase. El 5 dibujado con marcador amarillo no dejaba de recordarme que era hora de levantarme. Me dirigí a la puerta y pedí que me dejaran darme una ducha pero el guardia vino a recordarme con voz amable que en un par de horas vendrían las enfermeras para acompañarme a las duchas, así que debía esperar tranquilo que llegaran con la medicación. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Caza II

 La niebla de la mañana se había despejado de la zona y frente a ellos se encontraban en la distancia unos venados. Se detuvieron en el mismo silencio en el que habían caminado hasta allí y tras unos gestos del líder, se fueron dispersando hacia los lados, sin hacer ruido alguno que pudiera alertar a las presas. El joven se quedó junto al líder, puesto que tenía una misión de vital importancia, la de disparar el primer proyectil que marcaría la presa que debían abatir.  Ni siquiera le habían dicho a cual apuntar, era parte de su prueba el elegir con sabiduría e instinto. Además, si fallaba al disparar, no habría presa que cazar en el lugar y deberían esperar a que los exploradores localizasen un punto donde se acercaran de manera frecuente para emboscar nuevas presas. Avanzó junto al líder, lentamente y en silencio, hasta que este le detuvo y con un gesto de la cabeza le indicó que era su turno de actuar, que debía completar su tarea. Respiró hondo hasta calmarse y tomó el arc...

Internado

La campana sonó para indicar el inicio de la clase justo en el momento que la hermana dejaba los libros en la mesa. El silencio de los chicos era absoluto desde que había entrado por la puerta e hizo que resonase aún más el timbre.  Empezó en una solemne atención la clase de lengua, explicando los tiempos verbales y poniendo ejemplos, con alguna pregunta ocasional a los alumnos que, coartados ante la autoridad de la monja, a duras penas les salía el hilo de voz justo para responder. Procuraban prestar atención y acertar la respuesta que debían dar, porque era imperante que no errasen en su respuesta.  La religiosa tenía una fama en el internado, una que iba pasando entre generaciones de alumnos y que atañía a su edad y al hecho de que solían correr rumores de que el curso siempre lo terminaban menos chicos de los que se inscribían al inicio de año. La razón que daba la institución y los padres era la estándar, los chicos que faltaban habían sido expulsados y regresados a casa....

Canciones

 La música tronaba en la sala desde los altavoces colocados en las esquinas. En el centro, la pista de baile estaba llena y la gente bailaba animada por las canciones que sonaban, a cada cual más conocida y siendo coreada por todos mientras no dejaban de moverse. En la barra había gente pidiendo sus copas pendientes de volver a la pista con recarga del combustible de una noche de fiesta. Pero él tenía su cerveza en la mano, el brazo acodado en la barra y miraba con tranquilidad observando a la gente. Era algo rutinario, miraba y evaluaba. Primero la cara, luego un vistazo rápido al cuerpo o al menos a lo que podía ver entre el gentío. Si se acercaban a la barra a pedir, era la mejor manera de hacer una evaluación más certera del físico. Y por supuesto, para terminar, a quienes más le llamaban la atención, llevar de manera inconsciente la cuenta de las consumiciones que llevaba tomadas. Si para antes de la tercera se retiraban de la pista, perdía todo interés y buscaba a alguien ent...