Ir al contenido principal

R19

La noche caía sobre las montañas. Sin luz no podía seguir caminando. Se detuvo en una pequeña gruta que estaba al resguardo del viento. Llevaba meses en las montañas buscando el templo consagrado a las verdaderas creencias. Su alma tenía un gran vacío que ninguna religión conseguía llenar. Un día descubrió en la buhardilla de la casa que había comprado un manojo de cartas en las que se mencionaba el templo pero no decía de el nada mas que estaba en lomas alto de las cumbres del Himalaya. Después de eso buscó toda la información que pudo pero solo encontró un articulo publicado a mitad del s. XVIII en el que un escalador encontró “un extraño templo en el que se veneraban las verdaderas creencias”. Nadie creyó al escalador puesto que no dio ningún dato más de lo que había en el templo y fue tomado por loco. Pero él, que había leído las cartas, si le creyó. A los pocos días estaba en un avión rumbo a Nepal. Consiguió un guía, que le abandono en cuanto se entero del propósito del viaje, y provisiones para un año. Ya llevaba en las montañas perdido unos 11 meses y las provisiones se le estaban agotando. Mientras pensaba que todo esto había sido una necedad sintió una corriente de aire que transportaba el tañido de una campana. Salio de la gruta buscando el origen del sonido. Cuando volvió a oírlo se dio cuenta de que provenía de dentro de la gruta. Encendió una lámpara y comenzó a caminar siguiendo el sonido de la campana que cada vez era mas claro.
Entonces salio a una enorme caverna donde había una campana en el centro y tres entradas mas. Se acerco cuidadosamente a la campana y vio que sonaba gracias a unas piedras redondas que colgaban del techo mediante cuerdas y que se movían a merced del viento, golpeando la campana en su oscilación. Por cada una de las entradas llegaba una corriente de aire frió de la montaña, pero en contra de lo que pudiese parecer, la estancia era calida. Al pasar el haz de luz por la sala se dio cuenta de que alrededor de la campana había una escalera que descendía a otro nivel. Decidido a conocer porque estaba allí la campana tomo la escalera hacia lo desconocido. Cuando llego abajo encontró otra sala similar a la de la campana pero lo que había allí lo dejo petrificado. En mitad de un inmenso círculo de hogueras se alzaba un templo de piedra.
No había encontrado ninguna descripción del templo pero nada mas verlo supo que era el lugar que buscaba desde hace casi un año.
Comenzó a caminar hacia la entrada del templo y al llegar empujo las puertas que encerraban el conocimiento de la verdadera fe. Cuando pasó al interior  quedo sorprendido porque no había absolutamente nada allí. Se dispuso a irse cuando sintió un agudo dolor en la espalda y vio sobresalir de su pecho la punta de una flecha.
-“La verdadera fe no la encontraras con eso ojos. No te resistas y podrás encontrar ante ti lo que ansias.”-dijo una voz.

Se dio la vuelta y vio a un anciano que tensaba un arco y volvía a lanzar una flecha directa a su cabeza. Cerró los ojos para no volver a abrirlos en esta vida.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Canciones

 La música tronaba en la sala desde los altavoces colocados en las esquinas. En el centro, la pista de baile estaba llena y la gente bailaba animada por las canciones que sonaban, a cada cual más conocida y siendo coreada por todos mientras no dejaban de moverse. En la barra había gente pidiendo sus copas pendientes de volver a la pista con recarga del combustible de una noche de fiesta. Pero él tenía su cerveza en la mano, el brazo acodado en la barra y miraba con tranquilidad observando a la gente. Era algo rutinario, miraba y evaluaba. Primero la cara, luego un vistazo rápido al cuerpo o al menos a lo que podía ver entre el gentío. Si se acercaban a la barra a pedir, era la mejor manera de hacer una evaluación más certera del físico. Y por supuesto, para terminar, a quienes más le llamaban la atención, llevar de manera inconsciente la cuenta de las consumiciones que llevaba tomadas. Si para antes de la tercera se retiraban de la pista, perdía todo interés y buscaba a alguien ent...

Esmeraldas I

En aquel cuarto oscuro no quedaban a penas cosas. Por mobiliario la cama, un colchón sobre una tabla que ni siquiera se levantaba del suelo, y un taburete sobre el que había un reloj con la hora en brillantes números que parpadeaba como un faro. Sobre la cama, él, tirado y observando el techo, pensando como demonios había terminado llegando a eso. Vagaba su mente hacia atrás como si la película empezara cerca del final y tuviera que forzar ese recuerdo de días atrás para comprender por qué el protagonista se encontraba tirado, despierto en su cama en un piso extraño e iluminado únicamente por la hora que parpadeaba en el despertador. Solo que cuando empieza todo no estaba despierto, dormía tranquilo, como una mañana más en la que la alarma del reloj analógico sonaría un minuto antes de que el móvil, justo al lado, empezara la lenta letanía que supondría su alarma. Eso lo forzaría a salir del sueño, fuera cual fuera, y se levantase entre gruñidos y sin a penas abrir los ojos. La rutin...

Encargo

 El cigarrillo se consumía entre sus dedos. Solo le había dado un par de caladas intentando relajarse y ahora, ensimismado en sus preocupaciones, dejaba que lentamente se consumiera sin notar como el calor estaba más cerca de sus dedos. Suspiró sin haber conseguido resolver nada y dejó caer el resto del cigarrillo antes de pisarlo para dejarlo apagado. Se suponía que había dejado el hábito de fumar hace tiempo, pero al final con cada problema que surgía recurría una vez más a sacar uno de la cajetilla que aún seguía llevando encima y encendiéndolo en un intento de encontrar inspiración. Si lo había decidido dejar en su momento fue porque se lo prometió a ella, pero como tantas otras promesas, la cumplía a ratos. Los momentos que las incumplía fingía que no existían luego y así intentaba mantener su conciencia tranquila. Entró al bar y se sentó en la barra donde, tras saludar al camarero que le conocía desde hace tantos años, le pidió una jarra. Sabía a quien esperar. Sabía que iba ...