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Día 2 - II

Abrió el agua de la ducha y la dejó correr sobre él. Se llevó la mano a la parte de atrás de la cabeza donde le dolía el chichón que le había causado anoche.

- Estaba preocupada por ti. No contestas a ninguno de mis correos, ni mis invitaciones, nada.

- ¿Y eso no te dice que no quiero saber nada de ti? Mira, no me gusta la ciudad alta y menos aun los snoobs que viven en ella.

Ella terminó de entrar en el baño y se acercó a la ducha, pero no descorrió la cortina. Algo en la voz de ella hizo que él se sintiera culpable de tratarla así.

- ¿Así es como me ves ahora? ¿Cómo una snoob? Yo me creí lo que me dijiste de que era diferente a todos, que yo era especial. Por eso te deje entrar...

- No es eso. - la interrumpió incómodo - Sabes que te dije aquello en serio.

El maldito trabajo en la ciudad alta no solo le había traído mala fama en algunas de las grandes familias, también había conseguido que en su fuga terminase encontrándose con ella y surgido... algo. Quizás si el maldito ser no hubiera corrido por mitad de los salones del barrio las cosas hubieran sido más fáciles. Cerró el grifo con la cabeza aún doliente y perdida en recuerdos y lo que debía hacer. Una mano alargó una toalla dentro de la ducha, evitando que ella pudiera ver nada.

¿Por qué le enfadaba tanto ella? Era dulce e inocente, se había enamorado de alguien como él y quería ayudarlo  a que prosperase en el barrio alto. No le había exigido nada, sino todo lo contrario. Aunque nadie quisiera decírselo, ella había sido quien le había conseguido encargos diarios que costeasen todo.

Salió de la ducha envuelto en la toalla, pero ella se había marchado a la habitación.

- Hoy parece que no tienes encargos, pero hay un par de correos muy raros de remitente desconocido parpadeando en el escritorio.

¿El escritorio? Eso no podía ser. Todos los correos se filtraban por la aplicación de administración. Salió del baño medio empapado para ver de que se trataban.

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