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Mostrando entradas de diciembre, 2017

Celda

La habitación era blanca y aséptica. Era como si los colores fueran tan malos o peores que los virus y las bacterias. Lo único que permitia a cualquiera darle volumen a los objetos eran las sombras producidas por la lámpara. Una sola lámpara en el centro del techo, encendida a todas horas. Eso era lo más insoportable. Le daban agua y unas gachas blancas en un plato blanco sobre una bandeja blanca. El plato fijado a la bandeja, la bandeja a la compuerta por la que aparecía en la mesa. Ni siquiera cubiertos. Todo ideado para evitar que mancillase el blanco puro de la habitación. Y si por un casual lo conseguía, en cuanto el cansancio lo vencía, la habitación era limpiada. No recordaba como había llegado allí. Solo recordaba el templo, la trampilla y bajar por ella. A partir de ahí se vuelve nebuloso hasta que recuperó la conciencia en aquella celda. Y de ello hace... era imposible contar los días. Las comidas las dejaban de manera irregular, la luz continua, el blanco impecable. Había ...

Combate I

Era un paraje desértico. Las luchas, las guerras, los duelos, el poder desatado había convertido lo que fuera antaño un bosque frondoso en tierra calcinada en la que surgía del suelo negras estacas, los restos de los árboles. Ahora estaba en curso una nueva competición. Los jóvenes de nuevo luchando por la influencia de sus casas para que estas ganaran poder en el consejo.  Desde niños adiestrados para el combate, maestros en repartir muerte y en convertirse mensajeros del último enemigo. No es que fueran una raza en ser propensa a morir del aburrimiento de la vejez. A veces ni siquiera llegaban a ella. De eso se encargaban ellos mismos. Poderosos, orgullosos... podridos. Asesinatos, intrigas y todo por conseguir ser el cabeza de familia y por lo tanto el asiento en el consejo. Y luego estaba el combate. Cada una de las siete casas elegía un emisario para una lucha a muerte. El último en pie, o en dar el último suspiro, hacía que su casa ganara la presidencia del consejo.  ...

Cara o cruz

El aleteo de una mariposa era lo que daba nombre a la causalidad. Que si una mariposa bate sus alas en algún lugar del mundo, se convertirá en el otro extremo en un huracán capaz de arrasar ciudades. Pero ese es solo el ejemplo más común que siempre usan. Si se hubieran parado a pensar, quizás el mero hecho de que caer una moneda desatase un efecto en un espacio más concentrado. Digamos que tiras una moneda para decidir quien pagará el café. Esa moneda se levantará y girará en el aire antes de que golpee el suelo porque se te ha escapado. Rebotará y rodará hacia la carretera para meterse bajo la rueda de un monopatín, haciendo perder el equilibrio al chaval que iba encima, que caerá sobre el camarero y le tirará la bandeja llena de vasos. Uno de esos vasos caerá a la calle y se hará añicos, algunos de los cuales se clavarán en la rueda del coche que estaba pasando en ese momento. La rueda esta diseñada para no explotar por algo tan nimio pero se empezará a desinflar. Tres días desp...

Wonderwall

Lluvia, en una ciudad de rascacielos bajo un cielo gris. En uno de ellos, tras una ventana, una taza humeante con un café recién hecho. A su lado ella, con el pelo recogido en un moño atrapado por un lápiz azul. Viste cómoda, con su pijama, mientras dibuja en un papel apoyado en la carpeta sobre sus piernas cruzadas. En su rostro una expresión concentrada, con el ceño fruncido y la lengua asomando por la comisura del labio. Lo hace sin darse cuenta. Cerca de ella pasa su gato, que prefiere mirarla en silencio. Había nacido negro, pero con los años aparecieron en su cabeza y en su lomo un par de parches blancos que lo descubrían en las noches que rondaba sin dormir por el piso. Sabe, por alguna razón desconocida, que ella no le va a hacer caso y da media vuelta para dirigirse al sillón donde está sentado él. Está enfrascado en escribir en su portátil. Lo tiene sobre sus rodillas y va vestido con su pijama. Ambos pensaron que hoy era día de no salir de casa. Ni siquera se ha peinado ...

Alea jacta est

Se encontraba allí sentado, mirando una y otra vez sin terminar de ver la hoja que tenía delante. En ella estaba escrita una proclama que podía terminar con toda su carrera, con lo que tanto tiempo le había costado conseguir en aquella sociedad. Pero no podía seguir así. La sociedad para la que trabajaba se había olvidado de su objetivo y se centraba solamente en aumentar los beneficios de los mismos, sin mirar hacia los huesos que crujían bajo sus pies. La competencia decía preocuparse por la gente de a pie, mientras vivían una vida de lujos y desenfreno que solo ellos podrían permitirse. Y él, allí, sentado en una oscura habitación que usaba como despacho, observando un papel que podría dar pie a una revolución que tambalearía a ambos colosos. Sobrevivirian, siempre lo hacían, era difícil tumbarlos por completo, pero podrían perder su influencia en algunos lugares. Solo era necesario enviarlo a las personas adecuadas y esperar convencerlas para recibir su apoyo. Quizás no fuera un ...

Tú más y tú menos

El ser humano, principalmente en su parte de constructo social, no deja de sorprenderme en su hipocresía. Y aunque es un cuento viejo, el afán de buscar trabajadores hiperformados se ha convertido en una necesidad en muchos casos. Puestos de trabajos que antes un chaval podía optar hacer a medio tiempo para sacarse algo de dinero extra para costearse lo que fuera, ahora tienen requerimientos básicos como altos niveles de inglés, formación académica o más años de experiencia de los que puede contar como vida "adulta" cualquier persona. Es una enfermedad que va in crescendo con el tiempo. Cada vez se necesita más formación, más requisitos para cualquier trabajo solo por el hecho de destacar una primera impresión por encima de los demás candidatos. Ya es indiferente tu capacidad de trabajo, como hayas realizado tus años de experiencia o si tienes verdadera motivación por el trabajo. En esta degeneración de la búsqueda de hiperespecialización no sería de extrañar que llegue un ...

Templo

Las ruinas eran un claro reflejo del paso del tiempo. El sol que empezaba a descender iluminaba las calles de piedra y los edificios derruidos que rodeaban el templo, lo único que parecía mantenerse íntegro a pesar de la vegetación que lo cubría. Aves coloridas y pequeños reptiles eran los habitantes de lo que parecía una pequeña pero bulliciosa ciudad. El valle en que se encontraban las ruinas era de paredes escarpadas, casi tapizado por la jungla que crecía por encima. Ello había logrado que sobreviviera intacto a la mano del hombre a pesar de los reconocimientos aéreos desde el momento en que un desprendimiento cerró la entrada hace no se sabe cuanto. Seguramente por eso la ciudad fue abandonada, pues no se veían ni intuían restos humanos entre las ruinas. Los terremotos en los últimos años habían causado que se desprendiera una parte de la pared del valle y había permitido que se vislumbraran las ruinas.  Y ahora estaba allí. Con un equipo de exploración arqueológica di...

Fortaleza

No dejaba de soñar, una y otra vez, con el desierto. Un enorme desierto de arena y sol, infinito en todas direcciones excepto en una donde lejano se alzaba una gran roca, que la distancia hacía parecer que cabría en su mano. No caminaba, no se movía, era el desierto el que se movía a su alrededor, acercándole la roca y convirtiéndola en una enorme mole del tamaño de una casa. A un lado de donde se detenía, una columna de roca ancha como un coche. Un dedo de piedra apuntando al cielo en medio del cual, cubierto de polvo y arena había un lector de huellas antiguo, como si tuviera siglos aunque solo se usaran desde hace una veintena de años. Acercaba la mano, lo limpiaba y se apoyaba en él. Un zumbido, un chirrido y la columna de roca se abría dejando paso a un habitáculo redondo, casi la mitad del grosor de la piedra y con aspecto abandonado, como el que tienen los edificios en las películas apocalípticas. De nuevo se desplazaba el mundo a su alrededor, haciendo que el cuarto lo envo...