Ir al contenido principal

Esperanza

Despierto, a oscuras, tirado en la cama, intentando recordar el sueño que me ha estado atormentando toda la noche, una vez más. Noto el vacío, ya no estas ahí, en mi vida, te fuiste porque pensaste que era lo mejor. Miro la hora en el móvil y se que debo levantarme, pero por un eterno minuto me tienta hablarte, aunque se que no responderás.

La ducha llega para calmarme, el agua caliente limpia el sueño, la fría las penas. No debo anclarme, no puedo parar en el momento del pasado, aunque mientras el agua diluye la carga de la noche, no dejo de desear, de intentar transmitirte que vuelvas, que hablemos de nuevo y volvamos a fundirnos en un abrazo y un beso como antes. Pero no podrá volver a pasar.

Desayuno en silencio, ya la música no suena. No ansió su melodía, aún busco otra, pero al final conectaré la cadena y dejare que la letanía de turno, un disco con las canciones que me enseñaste, suene como banda sonora de la mañana hasta que salga a trabajar.

El mundo no se ha detenido, la gente no me ve con pena o preocupación. ¿Quién soy yo para que ellos se preocupen? Solo soy para ellos el desconocido que se cruzan por la calle, igual que ellos lo son para mi. Ninguno de ellos me conoce, hoy parece que solo veo miradas desconocidas, hasta que al cruzar la calle, tus ojos están ahí. Por un momento se cruzan con los mios y surge en ellos la chispa de reconocimiento, de emoción, la misma que tenían cuando me veías. Pero dura poco, esa chispa se cambia por una apagada pena, por algo que puede parecer arrepentimiento y por una vacía distancia que hace que al cruzar nuestros pasos el único signo de reconocimiento que haya entre nosotros sea un leve y casual roce de nuestras manos, más accidental que buscado.

Las penas vuelven, pero el trabajo no espera, me centro en las tareas ante mi, en la mesa, en la pantalla, me aislo del mundo, me aislo de mi mismo, y no pienso en nada, me abandono al frío. Pero en mi mano siento calor, aunque en mi ausencia no lo noto. Me doy cuenta cuando vuelvo a ser yo, cuando la hora de terminar casi ha llegado. Me noto frío, vacío. Pero en mi mano noto un poco de calidez y pienso, por un momento que ese roce no fue tan casual.

Camino, dejando que un rayo de esperanza me inunde, que me la calidez que hay en mi mano se extienda haciendo retroceder el frío, pero es difícil. El vacío es grande, porque te llevaste una parte de mi, pero aún así no te odio. Y el calor, hace que el vacío sea menos grande, aunque siga ahí. La comida me reconforta y una tarde con esos proyectos que siempre fui dejando a un lado hacen que la pena se vuelva a ir, pero no es así con el calor de tu roce, de la esperanza de que te vuelva a ver.

Es tarde ya, no es necesario ni cenar. Es la hora de dormir y miro la hora una última vez, pero hay algo más. Abro las conversaciones y la esperanza brilla con fuerza. Pues de ti hay una palabra que al fin me llega. Y duermo, sin pesadillas que me acosen, porque se que mañana sabré de ti de nuevo, porque aun veo esas palabras en la pantalla que me vuelven a saludar una vez más.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Canciones

 La música tronaba en la sala desde los altavoces colocados en las esquinas. En el centro, la pista de baile estaba llena y la gente bailaba animada por las canciones que sonaban, a cada cual más conocida y siendo coreada por todos mientras no dejaban de moverse. En la barra había gente pidiendo sus copas pendientes de volver a la pista con recarga del combustible de una noche de fiesta. Pero él tenía su cerveza en la mano, el brazo acodado en la barra y miraba con tranquilidad observando a la gente. Era algo rutinario, miraba y evaluaba. Primero la cara, luego un vistazo rápido al cuerpo o al menos a lo que podía ver entre el gentío. Si se acercaban a la barra a pedir, era la mejor manera de hacer una evaluación más certera del físico. Y por supuesto, para terminar, a quienes más le llamaban la atención, llevar de manera inconsciente la cuenta de las consumiciones que llevaba tomadas. Si para antes de la tercera se retiraban de la pista, perdía todo interés y buscaba a alguien ent...

Esmeraldas I

En aquel cuarto oscuro no quedaban a penas cosas. Por mobiliario la cama, un colchón sobre una tabla que ni siquiera se levantaba del suelo, y un taburete sobre el que había un reloj con la hora en brillantes números que parpadeaba como un faro. Sobre la cama, él, tirado y observando el techo, pensando como demonios había terminado llegando a eso. Vagaba su mente hacia atrás como si la película empezara cerca del final y tuviera que forzar ese recuerdo de días atrás para comprender por qué el protagonista se encontraba tirado, despierto en su cama en un piso extraño e iluminado únicamente por la hora que parpadeaba en el despertador. Solo que cuando empieza todo no estaba despierto, dormía tranquilo, como una mañana más en la que la alarma del reloj analógico sonaría un minuto antes de que el móvil, justo al lado, empezara la lenta letanía que supondría su alarma. Eso lo forzaría a salir del sueño, fuera cual fuera, y se levantase entre gruñidos y sin a penas abrir los ojos. La rutin...

Encargo

 El cigarrillo se consumía entre sus dedos. Solo le había dado un par de caladas intentando relajarse y ahora, ensimismado en sus preocupaciones, dejaba que lentamente se consumiera sin notar como el calor estaba más cerca de sus dedos. Suspiró sin haber conseguido resolver nada y dejó caer el resto del cigarrillo antes de pisarlo para dejarlo apagado. Se suponía que había dejado el hábito de fumar hace tiempo, pero al final con cada problema que surgía recurría una vez más a sacar uno de la cajetilla que aún seguía llevando encima y encendiéndolo en un intento de encontrar inspiración. Si lo había decidido dejar en su momento fue porque se lo prometió a ella, pero como tantas otras promesas, la cumplía a ratos. Los momentos que las incumplía fingía que no existían luego y así intentaba mantener su conciencia tranquila. Entró al bar y se sentó en la barra donde, tras saludar al camarero que le conocía desde hace tantos años, le pidió una jarra. Sabía a quien esperar. Sabía que iba ...