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Mostrando entradas de junio, 2017

El trébol deshojado

El puño golpeó contra el rostro haciendo que le dolieran los nudillos y temiera haberse fracturado alguna falange. Estaba harta de las insinuaciones, de los desmanes, de los rumores infundados, de las miradas de desdén y los cuchicheos que se silenciaban cuando la veían llegar. Cansada de la gente y de que su vida tuviera que girar en torno a la preocupación sobre lo que dicen o dejan de decir. En torno a la imagen que suponían todos que ella debía dar. Estaba cansada de ello y por eso el primer idiota que le había soltado un comentario fuera de lugar tras un mal día estaba delante de ella, sentado en el suelo. con el labio roto y escupiendo sangre con una mirada sorprendida. Y es que hoy había sido un día nefasto en muchos aspectos. Había perdido el trabajo porque encontró a uno de sus superiores borracho y liándose con otro hombre, a pesar de que en la oficina no dejaba de jactarse de a cuantas chicas ponía a sus pies cada fin de semana. Por el aspecto de aquel lío que vió, era él ...

Ucronía - Imail I

El sol caía a plomo mientras recorría el camino en el asiento del carro. Eran cada vez mayores las ganas de que su hijo, que se había casado justo cuando había comenzado esta ruta, heredara la caravana y el negocio de mercader que había heredado de su padre. Era la cuarta generación de mercaderes que se encargaba del negocio y de la ruta entre Jerusalén y Medina. Su hijo sería la quinta y si seguían prosperando no se quedaría ahí. Las ensoñaciones empezaron a llevárselo, mecido en el calor y el rítmico traqueteo de la carreta. Sí, sin duda sería digno de ver el emporio mercader del padre de su abuelo perviviendo por años. Lo cierto es que podía relajarse y dejarse llevar por las ensoñaciones, pues aunque era el dueño de la caravana, en cada carreta viajaban un conductor, dos mozos de carga y dos soldados. Todos ellos apiñados en el asiento del conductor y entre las mercancías que movían entre las dos principales ciudades en que se movía. Había nacido en Medina, donde llevaba su famil...

Una última llama

Fue preparando la mesa, colocando los cubiertos para todos los que vendrían a cenar esa noche. Repasó mentalmente los asistentes. Sus padres, sus hermanas con sus maridos e hijos, él, su mujer y sus hijos. Catorce en total. Y todos cabrían en la mesa. Se alegraba de haber confiado en su esposa a la hora de elegir los muebles, pues había sido capaz de elegir las mejores opciones para que la vida familiar fuera cómoda y prácticamente perfecta. Se dirigió a la cocina para revisar la parte de la cena que le tocaba hacer a él. Dejó a un lado de la encimera la bandeja con los cubiertos y le sonrió a la mujer que le había dado una oportunidad y con la que formó una familia. La televisión encendida de fondo le indicaba que los niños estaban viendo alguna serie, posiblemente de animación, de esas que les entretienen en las tardes, a la espera de la llegada de sus abuelos, tíos y primos. Con una sonrisa se acercó a su esposa y abrazándola por detrás le posó delicadamente un par de besos en su ...

Estreno y rosas teñidas

Cuando a veces necesitas ir más allá, presionarte a ti y a los demás por algo que necesitas, es cuando puedes llegar a dejar de ser quien eras. Ese era el pensamiento que rondaba por su mente mientras corria en pos de ella. Le habia gritado, habia pagado la frustracion con ella y al final ella no habia podido aguantar más. El estreno de su obra de teatro no era lo mismo sin el apoyo que ella le brindaba. Desde que había empezado a escribirla, desde la primera palabra, ella había confiado y le había apoyado sin reservas. Pero en lugar de agradecerselo como debía, lo único que recibió a cambio fueron los pagos por las frustraciones, cuando ningún productor apostó por la obra, cuando los actores no hacían lo que esperaba que fuera la representación que deseaba. Gritos, peleas y enfados, todos enfocados en su desahogo con ella, hacia ella. Y aún así aguantó en silencio con una sonrisa cada vez más forzada. Pero al final, la noche antes del estreno, con los nervios a flor de piel, había...

Ucronía - Alem I

Era una mañana nublada, presagiante de lluvia. La tormenta por venir se olía en el aire y se sentía en los huesos antes siquiera de que las nubess terminaran de cernerse oscuras sobre los ejércitos. La tensión era palpable ante lo que estaba por ocurrir. Los líderes aguardaban en las tiendas en los puntos más altos del valle. Aquella guerra era tradición, era un ritual que se contemplaba generación tras generación para evitar demasiadas muertes innecesarias. Y había unas reglas. Cada ejército debía tener una centena de soldados divididos en grupos de diez, la lucha era como una partida de ajedrez, por turnos cada oponente dirigía a sus tropas y enfrentaba a los grupos. El bando que perdía 3 grupos era declarado perdedor y se sometía al vencedor hasta la siguiente contienda. Todo organizado de manera limpia y ordenada. 30 muertes a cambio de que los enfrentamientos no alcanzaran a los civiles, solo a soldados que se entrenaban dia y noche para esos combates. Alem se encontraba en la...

Camino a cualquier lugar

El sol brillaba en lo alto, a lo lejos las montañas. Por delante el camino sin saber a donde ir. Le habían forzado a abandonar todo refugio, primero en el pueblo, luego en el bosque. Con un suspiro tomó su hatillo y siguió caminando. Había tenido sueños de grandeza, llegar a ser alguien y vivir sin más preocupación que la ropa a usar ese día. Pero se había encontrado con un mundo cruel, despiadado y que no permitía que los recién llegados pudieran elegir su lugar. Un mundo lleno de personas que solo miraban por hacer fracasar a los demás en lugar de conseguir mejorar ellos mismos, donde la máxima era la envidia y no la eficiencia. En el que si querías hacerte un hueco era necesario a base de dentelladas y codazos. Suspiró y siguió su camino, un pie tras otro. Ya no había vuelta de hoja, pues el mundo le había quitado todo. Solo le quedaba la vida que estaba viviendo para manterse. No sabía que le deparaba el futuro, ni donde acabaría, pero como le decían siempre, vivir es levantars...