El puño golpeó contra el rostro haciendo que le dolieran los nudillos y temiera haberse fracturado alguna falange. Estaba harta de las insinuaciones, de los desmanes, de los rumores infundados, de las miradas de desdén y los cuchicheos que se silenciaban cuando la veían llegar. Cansada de la gente y de que su vida tuviera que girar en torno a la preocupación sobre lo que dicen o dejan de decir. En torno a la imagen que suponían todos que ella debía dar. Estaba cansada de ello y por eso el primer idiota que le había soltado un comentario fuera de lugar tras un mal día estaba delante de ella, sentado en el suelo. con el labio roto y escupiendo sangre con una mirada sorprendida. Y es que hoy había sido un día nefasto en muchos aspectos. Había perdido el trabajo porque encontró a uno de sus superiores borracho y liándose con otro hombre, a pesar de que en la oficina no dejaba de jactarse de a cuantas chicas ponía a sus pies cada fin de semana. Por el aspecto de aquel lío que vió, era él ...