Ir al contenido principal

Cámaras

 Dicen que cuando la luna no está en el cielo, las personas se sienten menos vigiladas. Aunque era difícil sentirse menos vigilado cuando veías las pantallas que conectaban a todas las cámaras que vigilaban esa noche el centro de Londres. Tantas pantallas, tantos ángulos que la mirada se te perdía y era difícil fijar la vista en algo determinado. Aunque se decía que los trabajadores de esa sala con más veteranía eran capaces de fijar cualquier vehículo en su atención y seguir completo su recorrido desde que entraba hasta que salía del centro.

Pero eso no era lo que interesaba a nuestro intrépido, apuesto y altamente modesto protagonista. Y no lo digo porque sea también el narrador de este descabellado trabajo, sino porque mi madre también me dice que lo soy. En cualquier caso, hoy es un trabajo fácil, encontrar las grabaciones entre todas las copias de seguridad en las que se ve el pequeño secuestro que mis compañeros han llevado a cabo hace un momento de manera chapucera y por lo que solo podían confiar en que mi genio les salvase el culo. 

Por suerte en esta noche solo había un par de trabajadores que ahora dormían como benditos atados a sus sillas gracias a uno de los increíbles planes y artilugios del infiltrado protagonista que podría trabaja sin que se percatasen de su presencia durante unas horas. ¿Cómo alguien tan genial como yo pudo haberlo hecho te preguntaras? Pues es parte del secreto profesional, porque los mejores magos siempre tienen sus trucos a buen recaudo bajo la manga... o en un bolsillo de la mochila, según sea más cómodo. 

Pero no nos distraigamos, mi ingenuo lector, estas presenciando a un profesional trabajar en su campo de experiencia y es algo que deberías disfrutar. Ahora cogemos y abrimos la ventana de las copias de seguridad, entramos en las de las ultimas horas y.. vaya, cuanto archivo. ¿Dónde dijeron que era el callejón en el que ocurrió? Bah, supongo que entre las pantallas veré algún callejón y me vendrá a la cabeza cual me dijeron.

Veamos... por esa zona no se ven callejones. Aquí parece haber uno pero no me suena que fuera cerca de esa iglesia. ¿Quizás ese en la cámara A20S? Borremos por si acaso el archivo, no esta de más ser precavido. ¿Algún otro callejón? Parece que este y ese otro, así que mandemos también esos archivos a la papelera y listo. Con eso es suficiente, ahora un mensaje avisándoles de que ya no tienen que preocuparse... Vaya, están respondiendo rápido. ¿Cómo que no me van a pagar el trabajo? ¿Qué no es de estas cámaras de las que tenía que ocuparme? ¿La cámara de un cajero en la zona este?

Oye mira, querido lector, mejor te dejo aquí que parece que tengo unos morosos de los que ocuparme y... ¿Por qué suena ahora la alarma? ¿Un mensaje? "Espero que no nos odies mucho, pero parece que han dado un chivatazo anónimo de donde estas. Suerte." Serán malnacidos, hijos de... Perdón lector, pero ahora estoy un poco con los polis al cuello. Ya te contaré, estamos en contacto.

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Canciones

 La música tronaba en la sala desde los altavoces colocados en las esquinas. En el centro, la pista de baile estaba llena y la gente bailaba animada por las canciones que sonaban, a cada cual más conocida y siendo coreada por todos mientras no dejaban de moverse. En la barra había gente pidiendo sus copas pendientes de volver a la pista con recarga del combustible de una noche de fiesta. Pero él tenía su cerveza en la mano, el brazo acodado en la barra y miraba con tranquilidad observando a la gente. Era algo rutinario, miraba y evaluaba. Primero la cara, luego un vistazo rápido al cuerpo o al menos a lo que podía ver entre el gentío. Si se acercaban a la barra a pedir, era la mejor manera de hacer una evaluación más certera del físico. Y por supuesto, para terminar, a quienes más le llamaban la atención, llevar de manera inconsciente la cuenta de las consumiciones que llevaba tomadas. Si para antes de la tercera se retiraban de la pista, perdía todo interés y buscaba a alguien ent...

Esmeraldas I

En aquel cuarto oscuro no quedaban a penas cosas. Por mobiliario la cama, un colchón sobre una tabla que ni siquiera se levantaba del suelo, y un taburete sobre el que había un reloj con la hora en brillantes números que parpadeaba como un faro. Sobre la cama, él, tirado y observando el techo, pensando como demonios había terminado llegando a eso. Vagaba su mente hacia atrás como si la película empezara cerca del final y tuviera que forzar ese recuerdo de días atrás para comprender por qué el protagonista se encontraba tirado, despierto en su cama en un piso extraño e iluminado únicamente por la hora que parpadeaba en el despertador. Solo que cuando empieza todo no estaba despierto, dormía tranquilo, como una mañana más en la que la alarma del reloj analógico sonaría un minuto antes de que el móvil, justo al lado, empezara la lenta letanía que supondría su alarma. Eso lo forzaría a salir del sueño, fuera cual fuera, y se levantase entre gruñidos y sin a penas abrir los ojos. La rutin...

Encargo

 El cigarrillo se consumía entre sus dedos. Solo le había dado un par de caladas intentando relajarse y ahora, ensimismado en sus preocupaciones, dejaba que lentamente se consumiera sin notar como el calor estaba más cerca de sus dedos. Suspiró sin haber conseguido resolver nada y dejó caer el resto del cigarrillo antes de pisarlo para dejarlo apagado. Se suponía que había dejado el hábito de fumar hace tiempo, pero al final con cada problema que surgía recurría una vez más a sacar uno de la cajetilla que aún seguía llevando encima y encendiéndolo en un intento de encontrar inspiración. Si lo había decidido dejar en su momento fue porque se lo prometió a ella, pero como tantas otras promesas, la cumplía a ratos. Los momentos que las incumplía fingía que no existían luego y así intentaba mantener su conciencia tranquila. Entró al bar y se sentó en la barra donde, tras saludar al camarero que le conocía desde hace tantos años, le pidió una jarra. Sabía a quien esperar. Sabía que iba ...