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Mostrando entradas de agosto, 2022

Torre

 En lo alto de una torre, en una habitación inundada de luz en una esquina aun mejor iluminada, escribía absorto sentado en una silla, el Narrador. No sabía cuanto tiempo llevaba allí, escribiendo, pero al fin y al cabo era su trabajo y para lo que había nacido. Todas las historias pasaban por sus manos, desde historias fugaces en la mente de solo un niño hasta las historias intemporales que toda la humanidad conocería. Y aunque era para lo que había nacido, a veces se cansaba de estar encorvado sobre el libro de infinitas páginas donde transcribía historia tras historia. No tenía edad y si un espectador entrase a esa habitación lo vería como un adulto, pero otro vistazo le revelaría un anciano y si mirase de nuevo detenidamente vería un joven. O una combinación rara de los tres a la vez. Por suerte no había un espectador que necesitara pensar en como era posible, ya que en la habitación solo estaba él. Y estaba absorto escribiendo los detalles de un temible enemigo que estaba sien...

Caza III

 Sentía que la piel le ardía, que necesitaba arrancársela para no morir. Pero era incapaz de moverse, quería levantar las manos pero su cuerpo no le obedecía. Ni siquiera era capaz de abrir los ojos, para reconocer la fuente de las voces a su alrededor. Al final se perdieron en la niebla de la inconsciencia en la que volvía a caer sin poder evitarlo.  Cuando al final regresó a la conciencia, no sentía tanto calor y las restricciones parecían haber desaparecido. Aunque no era lo único que echaba en falta. A su alrededor había un pesado silencio que contrastaba al sonido habitual al que estaba acostumbrado. El olor que dominaba el ambiente era el de la cueva de la tribu, pero se sentía demasiado grande. Con esfuerzo se incorporó y una punzada de dolor le atravesó la espalda y el brazo. Al llevarse la mano al lugar, se encontró la humedad de la pasta de hierbas que reconoció por el olor como la que usaban para las curas de heridas. Miró la cueva vacía y encontró cerca suya una cá...

Plagas I

 Salía del portal una mañana más, sin estar muy seguro de donde ir. Si la llamada de anoche tenía algo de cierto, debería pasar por los almacenes. Pero también sabía que las oficinas eran una parada obligatoria matutina. Y si quedaba tiempo antes de comer, el bar era la opción segura para encontrar información, aunque era la menos fiable de las tres fuentes. Decidió confiar en la llamada anónima y fue al polígono industrial, donde ya quedaban pocas empresas haciendo sus negocios. Quedaban, eso sí una buena cantidad de naves parcialmente abandonadas, símbolo de la prosperidad que una vez tuvo la ciudad. Las que debía visitar eran unas naves de almacenaje que usaba una compañía de plásticos para guardar buena parte de lo que fabricaba para otras empresas antes de mandarles los envíos completos. En el marco de la puerta unos símbolos disimulados por el óxido de la puerta dejaban claro que en su día había estado protegido contra todo tipo de duendes, ávidos ladrones de todo lo que no e...

Insomnio

 Acababan de dar las tres de la madrugada. O al menos es lo que decían los números luminosos del despertador que tenía en la mesita. En un par de horas empezaría con el estruendo de su alarma diciendo que debía levantarme con tal de prepararme para un nuevo día. Y yo sin haber dormido ni un par de minutos.  Me mantuve mirando al techo, pensando que no debía pensar, a ver si la falta de pensamiento hacía eco en el llamado del sueño y podía dormir antes de tener que meterme en la ducha. Pero el efecto era el contrario, no solo no podía conciliar el más mínimo sueño, sino que el poco que tímidamente se asomaba, huía con una prisa loca sintiendo mi loca necesidad de que se acercaran. Casi me sentía un depredador de sueños perdidos, un cazador sigilosos en búsqueda de tiernos sueños que intentasen acercarse a mi, pero que huían al oler la ansía de descanso que me acompañaba. Quizás debería cazarlos con el viento en contra.... Corté la fantasía fruto de la depravación de sueño y me ...

Encargo

 El cigarrillo se consumía entre sus dedos. Solo le había dado un par de caladas intentando relajarse y ahora, ensimismado en sus preocupaciones, dejaba que lentamente se consumiera sin notar como el calor estaba más cerca de sus dedos. Suspiró sin haber conseguido resolver nada y dejó caer el resto del cigarrillo antes de pisarlo para dejarlo apagado. Se suponía que había dejado el hábito de fumar hace tiempo, pero al final con cada problema que surgía recurría una vez más a sacar uno de la cajetilla que aún seguía llevando encima y encendiéndolo en un intento de encontrar inspiración. Si lo había decidido dejar en su momento fue porque se lo prometió a ella, pero como tantas otras promesas, la cumplía a ratos. Los momentos que las incumplía fingía que no existían luego y así intentaba mantener su conciencia tranquila. Entró al bar y se sentó en la barra donde, tras saludar al camarero que le conocía desde hace tantos años, le pidió una jarra. Sabía a quien esperar. Sabía que iba ...