Ir al contenido principal

Des-ilusión

Con un suspiro se dispuso a levantarse para seguir el camino. Desde el amanacer hasta que se ocultaba el sol, lo único que hacia era caminar. Paraba el tiempo justo para algún aprovisionamiento, algo de comer y seguir andando. Quizás sería más facil si recordase a donde se dirigía.

Todo estaba desierto y le frustraba no recordar por qué no se encontraba con nadie. Los campos descuidados, las ciudades abandonadas. Todo despoblado y él solo sabía que debía caminar. Ni siquiera tenía clara la dirección en la que iba, solo que tenía que seguir recto.

Y aún era más extraño el hecho de que ni siquiera los animales se cruzaban en su camino. Solo silencio interrumpido por el viento corriendo entre las ramas de árboles marchitos y arbustos moribundos. Era como si la vida se hubiera extinguido por completo, pero cada vez que pensaba en ello, al rato se olvidaba de la idea, y unicamente volvia a seguir andando, preguntandose de nuevo hacia donde andaba y que podía pasar para estar todo en ese estado.

¿Cuánto tiempo llevaba caminando? Eran días, semanas o meses... No podía siquiera decirlo. Veía el sol moverse pero era incapaz de recordar la cuenta de las veces que había pasado sobre su cabeza. Quería llegar a donde fuera que debía estar. Ojalá lo supiera, ojalá llegara. Y siguió andando sin recordar que tenía ese anhelo.

Desde la ventana del edificio, la enfermera lo miraba, preocupada como todos los días por quien estaba a su lado, la esposa que no podía contener las lágrimas, viendolo andar en círculos, ausente, en torno a un plantel de árboles, sentándose cada rato e ignorando cualquier presencia que se acercase a él. Igual que si todos fueran fantasmas para el mundo en el que su cabeza lo tenía encerrado. Como tantas otras veces durante la visita, la esposa rompió a llorar y la enfermera la llevó a donde pudiera sentarse y calmarse. Habían sido años así, desde aquel suceso que afectó a tantos y del que algunos no lograron salir. Él solo era una victima más y de los pocos que no habían sido olvidados en los psiquiátricos cuando sus familiares se cansaron de esperar mejoría. Al final esa mujer que intentaba sobreponerse al llanto haría lo mismo, lo olvidaría sin que él siquiera se diera cuenta de ello. Empezaría a distanciar sus visitas, cada vez más tiempo pasaría entre su llegada, hasta que finalmente no vuelva a cruzar la puerta.

Y él, como todos los dias, andaría ausente en torno al mismo plantel de árboles.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Canciones

 La música tronaba en la sala desde los altavoces colocados en las esquinas. En el centro, la pista de baile estaba llena y la gente bailaba animada por las canciones que sonaban, a cada cual más conocida y siendo coreada por todos mientras no dejaban de moverse. En la barra había gente pidiendo sus copas pendientes de volver a la pista con recarga del combustible de una noche de fiesta. Pero él tenía su cerveza en la mano, el brazo acodado en la barra y miraba con tranquilidad observando a la gente. Era algo rutinario, miraba y evaluaba. Primero la cara, luego un vistazo rápido al cuerpo o al menos a lo que podía ver entre el gentío. Si se acercaban a la barra a pedir, era la mejor manera de hacer una evaluación más certera del físico. Y por supuesto, para terminar, a quienes más le llamaban la atención, llevar de manera inconsciente la cuenta de las consumiciones que llevaba tomadas. Si para antes de la tercera se retiraban de la pista, perdía todo interés y buscaba a alguien ent...

Esmeraldas I

En aquel cuarto oscuro no quedaban a penas cosas. Por mobiliario la cama, un colchón sobre una tabla que ni siquiera se levantaba del suelo, y un taburete sobre el que había un reloj con la hora en brillantes números que parpadeaba como un faro. Sobre la cama, él, tirado y observando el techo, pensando como demonios había terminado llegando a eso. Vagaba su mente hacia atrás como si la película empezara cerca del final y tuviera que forzar ese recuerdo de días atrás para comprender por qué el protagonista se encontraba tirado, despierto en su cama en un piso extraño e iluminado únicamente por la hora que parpadeaba en el despertador. Solo que cuando empieza todo no estaba despierto, dormía tranquilo, como una mañana más en la que la alarma del reloj analógico sonaría un minuto antes de que el móvil, justo al lado, empezara la lenta letanía que supondría su alarma. Eso lo forzaría a salir del sueño, fuera cual fuera, y se levantase entre gruñidos y sin a penas abrir los ojos. La rutin...

Camino a cualquier lugar

El sol brillaba en lo alto, a lo lejos las montañas. Por delante el camino sin saber a donde ir. Le habían forzado a abandonar todo refugio, primero en el pueblo, luego en el bosque. Con un suspiro tomó su hatillo y siguió caminando. Había tenido sueños de grandeza, llegar a ser alguien y vivir sin más preocupación que la ropa a usar ese día. Pero se había encontrado con un mundo cruel, despiadado y que no permitía que los recién llegados pudieran elegir su lugar. Un mundo lleno de personas que solo miraban por hacer fracasar a los demás en lugar de conseguir mejorar ellos mismos, donde la máxima era la envidia y no la eficiencia. En el que si querías hacerte un hueco era necesario a base de dentelladas y codazos. Suspiró y siguió su camino, un pie tras otro. Ya no había vuelta de hoja, pues el mundo le había quitado todo. Solo le quedaba la vida que estaba viviendo para manterse. No sabía que le deparaba el futuro, ni donde acabaría, pero como le decían siempre, vivir es levantars...