Ir al contenido principal

Charla con mi demonio III

Cuando hablan de silencios ensordecedores, no hay duda que se refieren a todos esos momentos en que aunque nadie habla, lo escuchas. Lo oyes mascullar, disertar sobre temas y rememorarlo todo. Todas esos momentos en que aunque se posa el silencio, esta cargado de todas eso que bulle dentro.

-¿Alguna vez callas? ¿Hay algún momento en que me puedas dejar en paz?

No lo veo, se hace el silencio por un mínimo instante y siento que me observa fijamente, meditando.

-¿Qué se considera estar en paz? No es esa absurda idea de embotargarnos en un silencio pesado y carente de recuerdos, ideas y voces, en una nada oscura y absorbente que te aisle incluso de ti mismo. No, no hay paz en ello.

-Quizás sea el momento en que puedes olvidar, en que no importa el pasado.

-Olvidar es imposible, deberías haberte acostumbrado ya. Aunque ahora no lo traigas a tu memoria, nada se olvida. Los recuerdos buenos, los malos... e incluso los dolorosos. Todos siguen ahí dentro, esperando algo que los saque por un momento de vuelta a lo alto del montón. Lo que importa es más bien lo que tu haces con ellos.

-Preferiría entonces que te callaras en lugar de removerlos. Que te alimentases en silencio de mis arrepentimientos y frustraciones en lugar de ahondar en ellos. ¿No hay suficiente alimento para ti con lo que día a día cargo como para que encima debas hacerme recordar? Deseo olvidar, necesito olvidar.

Noto su mirada, mucho más intensa, mucho más afilada, perforándome. Sé que sus palabras nunca me gustan, pero algo me dice que esta vez me gustarán aún menos.

-No es olvidar lo que necesitas. Es afrontar esa parte de ti, ese miedo que te paraliza por todo lo que pasó y que lo único que hace es querer echar fuera toda la culpa. Quieres ser la pobre víctima desvalida, necesitada de protección, en busca de la compasión y el beneficio de que otros luchen batallas por ti y te ahorren mirar a los ojos aquello que temes. Quieres que quien te hizo daño, sufra, que de una vez comprenda lo que te hizo sentir. Crees que necesitas esa paz en un vacío absoluto que te aterra tanto que aunque piensas en abrazarlo, temes dar el paso. Pero si no lo das, no es por terror, es porque por suerte una mínima parte de ti tiene aún algo de razón y te hace aferrarte a luchar. 

- ¿Luchar por vivir?

-Esa debería ser la verdadera lucha a la que te aferres. Vivir, tener tu vida y vivirla de la mejor manera, intentando ser feliz. Pero no puedes. Aún no pareces querer ser capaz de hacerlo y te aferras en luchar contra los recuerdos, contra quien hizo que los buenos recuerdos fueran dolorosos, contra quienes te crean malos recuerdos. No buscas seguir adelante cuando debes dejar las cosas atrás.

Dejo que por esta vez el silencio se instale entre nosotros, sin apresurarme por romperlo, tal como tampoco parece querer seguir hablando. Pienso, tiene razón, pero no soy capaz de aceptarlo. Quizás aún no. El silencio dura poco más hasta que vuelve a sus murmullos y yo, a oscuras sentado en un sillón, dejo que su murmullo me meza en el barco de mis recuerdos y pensamientos.

-Yo solo no puedo dejarlo ir...

Comentarios

Entradas populares de este blog

Canciones

 La música tronaba en la sala desde los altavoces colocados en las esquinas. En el centro, la pista de baile estaba llena y la gente bailaba animada por las canciones que sonaban, a cada cual más conocida y siendo coreada por todos mientras no dejaban de moverse. En la barra había gente pidiendo sus copas pendientes de volver a la pista con recarga del combustible de una noche de fiesta. Pero él tenía su cerveza en la mano, el brazo acodado en la barra y miraba con tranquilidad observando a la gente. Era algo rutinario, miraba y evaluaba. Primero la cara, luego un vistazo rápido al cuerpo o al menos a lo que podía ver entre el gentío. Si se acercaban a la barra a pedir, era la mejor manera de hacer una evaluación más certera del físico. Y por supuesto, para terminar, a quienes más le llamaban la atención, llevar de manera inconsciente la cuenta de las consumiciones que llevaba tomadas. Si para antes de la tercera se retiraban de la pista, perdía todo interés y buscaba a alguien ent...

Esmeraldas I

En aquel cuarto oscuro no quedaban a penas cosas. Por mobiliario la cama, un colchón sobre una tabla que ni siquiera se levantaba del suelo, y un taburete sobre el que había un reloj con la hora en brillantes números que parpadeaba como un faro. Sobre la cama, él, tirado y observando el techo, pensando como demonios había terminado llegando a eso. Vagaba su mente hacia atrás como si la película empezara cerca del final y tuviera que forzar ese recuerdo de días atrás para comprender por qué el protagonista se encontraba tirado, despierto en su cama en un piso extraño e iluminado únicamente por la hora que parpadeaba en el despertador. Solo que cuando empieza todo no estaba despierto, dormía tranquilo, como una mañana más en la que la alarma del reloj analógico sonaría un minuto antes de que el móvil, justo al lado, empezara la lenta letanía que supondría su alarma. Eso lo forzaría a salir del sueño, fuera cual fuera, y se levantase entre gruñidos y sin a penas abrir los ojos. La rutin...

Encargo

 El cigarrillo se consumía entre sus dedos. Solo le había dado un par de caladas intentando relajarse y ahora, ensimismado en sus preocupaciones, dejaba que lentamente se consumiera sin notar como el calor estaba más cerca de sus dedos. Suspiró sin haber conseguido resolver nada y dejó caer el resto del cigarrillo antes de pisarlo para dejarlo apagado. Se suponía que había dejado el hábito de fumar hace tiempo, pero al final con cada problema que surgía recurría una vez más a sacar uno de la cajetilla que aún seguía llevando encima y encendiéndolo en un intento de encontrar inspiración. Si lo había decidido dejar en su momento fue porque se lo prometió a ella, pero como tantas otras promesas, la cumplía a ratos. Los momentos que las incumplía fingía que no existían luego y así intentaba mantener su conciencia tranquila. Entró al bar y se sentó en la barra donde, tras saludar al camarero que le conocía desde hace tantos años, le pidió una jarra. Sabía a quien esperar. Sabía que iba ...