Ir al contenido principal

Día 2 - I

Se palpó con la mano tras la cabeza con cuidado. Debió darse un buen golpe anoche. Anoche.... Echó rapidamente mano a la pistola pero no la encontró. Se enderezó a tiempo para darse cuenta que estaba acostado en su cama, aun con la ropa puesta. Sobre la mesita estaba su pistola al lado de un vaso con agua y la caja de los analgésicos.

Se calmó lo justo para que pudiera penetrar en su cabeza el olor de las tostadas que provenía de la cocina. No tenía muy claro aún que había pasado la noche anterior. Lo último que recordaba era abrir la puerta de su cuarto y que algo se le abalanzó. Tomando su pistola, comprobó que estaba cargada y se dirigió hacia la cocina sin hacer ningún ruido.

Se detuvo unos segundos con la espalda apoyada al lado del marco de la puerta y quitando el seguro de la pistola saltó dentro de la cocina apuntando a la figura que estaba haciendo unas tostadas en la sartén.

-¡TÚ!

La chica se volvió violentamente hacia él, que aún la apuntaba con la pistola, indeciso si debía bajarla o disparar. Finalmente, y con un suspiro, bajo el arma, momento que aprovechó la chica para reponerse y lanzarse hacia él a abrazarlo y plantarle un pasional beso.

-Al fin despertaste. Creí que te había matado anoche cuando me lancé a saludarte. Al final te metí como pude en la cama y me acosté contigo hasta que amaneció.

-Amane... ¿qué hora es?

-Pues un par de horas pasado el amanecer.

Con un grito de frustración, dejó a la chica en la cocina y corrió a ducharse mientras iniciaba el ordenador para comprobar nuevos encargos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Canciones

 La música tronaba en la sala desde los altavoces colocados en las esquinas. En el centro, la pista de baile estaba llena y la gente bailaba animada por las canciones que sonaban, a cada cual más conocida y siendo coreada por todos mientras no dejaban de moverse. En la barra había gente pidiendo sus copas pendientes de volver a la pista con recarga del combustible de una noche de fiesta. Pero él tenía su cerveza en la mano, el brazo acodado en la barra y miraba con tranquilidad observando a la gente. Era algo rutinario, miraba y evaluaba. Primero la cara, luego un vistazo rápido al cuerpo o al menos a lo que podía ver entre el gentío. Si se acercaban a la barra a pedir, era la mejor manera de hacer una evaluación más certera del físico. Y por supuesto, para terminar, a quienes más le llamaban la atención, llevar de manera inconsciente la cuenta de las consumiciones que llevaba tomadas. Si para antes de la tercera se retiraban de la pista, perdía todo interés y buscaba a alguien ent...

Camino a cualquier lugar

El sol brillaba en lo alto, a lo lejos las montañas. Por delante el camino sin saber a donde ir. Le habían forzado a abandonar todo refugio, primero en el pueblo, luego en el bosque. Con un suspiro tomó su hatillo y siguió caminando. Había tenido sueños de grandeza, llegar a ser alguien y vivir sin más preocupación que la ropa a usar ese día. Pero se había encontrado con un mundo cruel, despiadado y que no permitía que los recién llegados pudieran elegir su lugar. Un mundo lleno de personas que solo miraban por hacer fracasar a los demás en lugar de conseguir mejorar ellos mismos, donde la máxima era la envidia y no la eficiencia. En el que si querías hacerte un hueco era necesario a base de dentelladas y codazos. Suspiró y siguió su camino, un pie tras otro. Ya no había vuelta de hoja, pues el mundo le había quitado todo. Solo le quedaba la vida que estaba viviendo para manterse. No sabía que le deparaba el futuro, ni donde acabaría, pero como le decían siempre, vivir es levantars...

Caza II

 La niebla de la mañana se había despejado de la zona y frente a ellos se encontraban en la distancia unos venados. Se detuvieron en el mismo silencio en el que habían caminado hasta allí y tras unos gestos del líder, se fueron dispersando hacia los lados, sin hacer ruido alguno que pudiera alertar a las presas. El joven se quedó junto al líder, puesto que tenía una misión de vital importancia, la de disparar el primer proyectil que marcaría la presa que debían abatir.  Ni siquiera le habían dicho a cual apuntar, era parte de su prueba el elegir con sabiduría e instinto. Además, si fallaba al disparar, no habría presa que cazar en el lugar y deberían esperar a que los exploradores localizasen un punto donde se acercaran de manera frecuente para emboscar nuevas presas. Avanzó junto al líder, lentamente y en silencio, hasta que este le detuvo y con un gesto de la cabeza le indicó que era su turno de actuar, que debía completar su tarea. Respiró hondo hasta calmarse y tomó el arc...