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Día 2 - I

Se palpó con la mano tras la cabeza con cuidado. Debió darse un buen golpe anoche. Anoche.... Echó rapidamente mano a la pistola pero no la encontró. Se enderezó a tiempo para darse cuenta que estaba acostado en su cama, aun con la ropa puesta. Sobre la mesita estaba su pistola al lado de un vaso con agua y la caja de los analgésicos.

Se calmó lo justo para que pudiera penetrar en su cabeza el olor de las tostadas que provenía de la cocina. No tenía muy claro aún que había pasado la noche anterior. Lo último que recordaba era abrir la puerta de su cuarto y que algo se le abalanzó. Tomando su pistola, comprobó que estaba cargada y se dirigió hacia la cocina sin hacer ningún ruido.

Se detuvo unos segundos con la espalda apoyada al lado del marco de la puerta y quitando el seguro de la pistola saltó dentro de la cocina apuntando a la figura que estaba haciendo unas tostadas en la sartén.

-¡TÚ!

La chica se volvió violentamente hacia él, que aún la apuntaba con la pistola, indeciso si debía bajarla o disparar. Finalmente, y con un suspiro, bajo el arma, momento que aprovechó la chica para reponerse y lanzarse hacia él a abrazarlo y plantarle un pasional beso.

-Al fin despertaste. Creí que te había matado anoche cuando me lancé a saludarte. Al final te metí como pude en la cama y me acosté contigo hasta que amaneció.

-Amane... ¿qué hora es?

-Pues un par de horas pasado el amanecer.

Con un grito de frustración, dejó a la chica en la cocina y corrió a ducharse mientras iniciaba el ordenador para comprobar nuevos encargos.

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