Tras una noche tensa, el cansancio era el estadio general del grupo. Racionaron como pudieron las sobras que quedaban de las provisiones y empezaron la marcha para llegar al asentamiento. El camino desde allí era arduo, pero para cuando el sol alcanzó su cenit, ya habían llegado a las puertas del muro que los protegían. Salieron a recibirlos varios miembros del grupo de guardia, que condujeron a los esclavos liberados hacia unos barracones auxiliares donde podrían descansar de verdad antes de decidir si se arriesgaban al viaje para volver a casa o establecer una nueva vida. Por su parte, Edner fue hacia el edificio que acogía la oficina de gobierno del pueblo mientras los demás cazadores se dispersaban, unos para mandar las malas noticias de las muertes, otros para librarse de las pesadillas y el hambre en la cantina. Acabar con los esclavistas era un encargo que había resultado tener más dificultad de la que en un primer momento suponían. No los habían pillado por sorpresa, aunque n...